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TDR-Naciones Unidas: “la austeridad genera exclusión de género”

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14 septiembre 2017, 19:00
en Ginebra

UNCTAD/PRESS/PR/2017/030
Ginebra, Suiza, (14 septiembre 2017)

​En un nuevo informe de la UNCTAD se afirma que las mujeres se ven excluidas de mejores oportunidades de trabajo, aun cuando aumente su participación laboral y disminuya la de los hombres.

En el Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2017 (titulado Un New Deal mundial como alternativa a la austeridad) se atribuye la intensificación del racionamiento del empleo por género a la cada vez más limitada disponibilidad de buenos empleos en relación con la oferta de mano de obra.

Se relaciona a los buenos empleos con el trabajo digno en el sector formal, donde se gana más, la promoción profesional es más accesible y las condiciones de trabajo están mejor reguladas. La escasez de empleo de calidad se ve potenciada por el imperante entorno mundial de políticas, que actúa en conjunción con las fuerzas del cambio estructural y tecnológico.

Según la UNCTAD, la exclusión de la mujer de los buenos empleos profundiza la desigualdad general, al reducir el peso de las rentas del trabajo en el ingreso nacional, lo que acarrea consecuencias negativas para la demanda agregada y, en última instancia, para el crecimiento.

Sin embargo, en el Informe se incide en que el aumento del empleo femenino no es una vía directa hacia un crecimiento y un desarrollo más inclusivo. “Hay que hacer mucho más para lograr la igualdad de género en el empleo, pues no basta con una mayor participación de la mujer en los mercados y en los consejos de administración de las empresas”, dijo el Secretario General de la UNCTAD, Mukhisa Kituyi.

En el informe se llega a la conclusión de que es crucial facilitar el acceso de la mujer a un empleo digno —especialmente con inversiones en infraestructura social que permitan a las mujeres combinar mejor el trabajo remunerado y sus responsabilidades en los cuidados. Compaginar esos esfuerzos con intervenciones por el lado de la demanda, mediante, entre otras cosas, unas posturas más expansivas en materia de política fiscal, puede propiciar un crecimiento más inclusivo para las mujeres y aumentar la demanda de mano de obra, mejorando así las perspectivas económicas de los hombres.

A largo plazo la UNCTAD recomienda —por ser de máxima importancia, dadas las dificultades de empleo relacionadas con el cambio estructural y tecnológico y que la responsabilidad principal de la mujer son las labores de cuidado— transformar en trabajo digno las actividades remuneradas y no remuneradas relacionadas con los cuidados y que este objetivo pase a ser parte integrante de las estrategias encaminadas a crear economías más inclusivas.
 
Inclusión de la mujer ¿exclusión de los hombres?

En un contexto de ciclos de expansión y contracción, de austeridad y movilidad de los capitales, y de aumento de las tasas de empleo femenino, como ocurre en la mayoría de los países, y disminución de las tasas de empleo de los hombres, puede resultar más difícil lograr una mayor igualdad de género. Se trata de un fenómeno del que aún no se debate mucho y, aunque sus manifestaciones más acusadas se observan en las economías más avanzadas, se está convirtiendo en una característica de los mercados laborales de todo el mundo (véase el gráfico).
  
Cociente de las tasas de empleo de las mujeres/tasas de empleo de los hombres con respecto a la tasa de empleo de los hombres entre 1991 y 2014
(En porcentaje)
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Fuente: UNCTAD, 2017, Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2017. Un New Deal mundial como alternativa a la austeridad (publicación de las Naciones Unidas, núm. de venta: E.17.II.D.5, Nueva York y Ginebra).
Nota: En el cuadrante superior izquierdo se puede observar que el cociente de las tasas de empleo de las mujeres/tasas de empleo de los hombres aumenta a medida que disminuye la tasa de empleo de los hombres.

Entre principios de los años de 1990 y 2014, en el 80% de los países desarrollados donde se redujo la tasa de empleo de los hombres, la disminución media fue de 5,3 puntos porcentuales. Al mismo tiempo, en estos países la tasa de empleo de las mujeres aumentó en 2,3 puntos porcentuales por término medio. Las varianzas son mayores entre los países en desarrollo, aunque en más de la mitad se puede observar una tónica de descenso de las tasas de empleo de los hombres y una tónica creciente en la tasa de empleo de las mujeres. Entre esos países, las tasas de empleo de los hombres se redujeron por término medio en 2,7 puntos porcentuales y las tasas de empleo de las mujeres aumentaron en 6,3 puntos porcentuales.
 
Los fallos de la industrialización son más onerosos para las mujeres que para los hombres

El debilitamiento del empleo industrial tradicional y de las comunidades manufactureras ha sido una característica muy visible de la creciente desigualdad en los países desarrollados, que afecta de manera particular a los hombres de edad mediana de las clases trabajadoras.

Sin embargo, el número de puestos de trabajo en el sector industrial también está disminuyendo en muchos países en desarrollo que se encuentran en una fase de desindustrialización prematura o de industrialización estancada, por lo que el efecto negativo es mucho mayor en el empleo industrial femenino que en el de los hombres. Entre 1991 y 2014, la disminución en los países en desarrollo de la proporción del empleo industrial respecto al empleo total fue por término medio del 7,5% en el caso de los hombres, mientras que en el de las mujeres el promedio fue del 39%.

El incremento del capital físico utilizado en la producción industrial es especialmente costoso en el caso de las mujeres. Puesto que aumenta la intensidad de capital como consecuencia de la automatización, parece poco probable que una revolución tecnológica en el Sur permita mejorar la igualdad de género en un futuro próximo.


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