COMUNICADO DE PRENSA
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Según un recién estrenado informe de la UNCTAD, los inversionistas financieros y la producción de biocombustibles figuran entre las nuevas tendencias que impulsan los precios de los productos básicos

UNCTAD/PRESS/PR/Doha/2012/025
Doha, Qatar, (22 abril 2012)

En el primer y nuevo Informe de la UNCTAD sobre productos básicos y desarrollo se considera que el aumento de los costos para los países pobres de sus importaciones de alimentos y combustibles limita los beneficios derivados del alza de los precios de sus exportaciones de productos básicos

El aumento sostenido de los precios de las materias primas naturales y de los productos agrícolas básicos está cuestionando pautas inveteradas y aparentemente ocasiona más perjuicios a los países pobres, a causa del alza del costo de los alimentos y de los combustibles, que los beneficios derivados de los mayores ingresos de sus exportaciones de productos básicos.

Esa es una de las conclusiones del Informe de la UNCTAD sobre productos básicos y desarrollo 2012, una nueva publicación que la UNCTAD ha presentado hoy en su conferencia cuatrienal (XIII UNCTAD).

En el informe se sostiene que el aumento de la especulación financiera en materias primas y la creciente reasignación de las tierras de labranza para potenciar los cultivos para la producción de biocombustibles han modificado la relación de fuerzas subyacente en la fijación de los precios de las materias primas y propiciado un período de alzas sostenidas.

Lo que debería haber sido una bendición para los países pobres, especialmente para los 48 países menos avanzados del mundo (PMA) —cuyas economías suelen ser muy dependientes de las exportaciones de los productos básicos—, se salda con una evolución negativa porque muchos de estos países son importadores netos de petróleo y alimentos básicos. Según el informe, desde la crisis alimentaria de 2008, los precios de los alimentos básicos han tenido un comportamiento volátil y alcista, colocando a las familias pobres en una situación de extrema vulnerabilidad, pues, por lo general, suelen gastar el 50% o más de sus ingresos en alimentos.

Entre las recomendaciones del Informe, figuran las siguientes:

• Arbitrar medidas para invertir en la creación de reservas nacionales y regionales de alimentos para ayudar a los países que no puedan garantizar su seguridad alimentaria;
• Reconsiderar, en el caso de los productos básicos, el reciente cambio hacia una "globalización impulsada por las finanzas", especialmente si se tiene presente que en el modelo canónico de desarrollo las ganancias generadas por las exportaciones de productos básicos se utilizan para incrementar una inversión interna que permita diversificar y aumentar las capacidades de las economías de los países en desarrollo;
• Hacer los ajustes necesarios en las políticas fiscal y tributaria que permitan a los países en desarrollo lograr que los beneficios económicos derivados de las exportaciones de productos básicos sean estables a largo plazo, y
• Tomar medidas a nivel nacional e internacional para mejorar la situación de los pequeños agricultores y otros pequeños productores de productos básicos de los países pobres.

Hasta el momento, el auge de los precios los productos básicos registrado entre 2003 y 2011 ha evolucionado de manera distinta a los anteriores. Históricamente, los ciclos de los precios de los productos se caracterizaban por un incremento breve y rápido, seguido por una disminución pronunciada y por último un largo período de estancamiento antes del repunte siguiente. Este ciclo de alzas y bajadas ha frustrado las expectativas económicas de los países que adoptaron estrategias de desarrollo basadas en la exportación de sus recursos naturales o productos agropecuarios. En cambio, en la coyuntura actual de auge estos países en desarrollo dependientes de productos básicos han podido beneficiarse con el alza de precios relativamente sostenida iniciada en 2003, pese a la breve excepción que supuso 2009.

Según el informe, uno de los factores que propiciaron el cambio es la entrada masiva de capitales en los mercados de futuros desde 2003. Los inversionistas financieros, a diferencia de los productores o intermediarios comerciales, no se ocupan de la entrega física de los productos, sino más bien de la compra de contratos de suministro que después venden a precios más altos, repitiendo así un beneficio especulativo. Cuando estos inversionistas empezaron a deshacerse de sus bonos problemáticos y a retirarse de los mercados de valores, comenzó a dispararse el número de los contratos de futuros negociados en todo el mundo, pasando de aproximadamente 500 millones en 2003 a más de 2.500 millones en 2011. Del mismo modo, el valor mundial de los derivados sobre productos básicos, tanto futuros como opciones, pasó de poco más de 1 billón de dólares en 2003 a más de 8 billones en 2007, para posteriormente desplomarse hasta los 3 billones en 2009 y 2010.

La UNCTAD sostiene que esta "financiarización" de los futuros sobre productos básicos por lo general ha modificado fundamentalmente la conducta y los resultados de los mercados de estos productos, por ejemplo, cambiando las expectativas de precios de los productores y reduciendo su capacidad de cubrirse contra posibles riesgos.

El informe minimiza el impacto de la creciente demanda china en la escalada de precios de los productos básicos. China ha emprendido un rápido desarrollo industrial en las últimas dos décadas y este proceso ha requerido grandes volúmenes de importación de materias primas, como petróleo, metales y caucho, así como de alimentos para alimentar a sus trabajadores industriales. A menudo se alude a esta demanda como principal factor desencadenante del auge de los precios de todos los productos básicos. La UNCTAD considera que efectivamente la demanda china ha sido preponderante en los mercados de metales como el cobre, el níquel y, muy especialmente, el mercado del mineral de hierro, en el que representa el 63% de las importaciones mundiales. Sin embargo, la parte correspondiente a China en las importaciones mundiales de petróleo (7%) y alimentos (menos de un 2%), aun siendo importante, no es lo suficientemente grande como para propiciar movimientos de precios.

La UNCTAD considera que los biocombustibles representan la tercera novedad del actual auge de los productos básicos. En la campaña 2003-2004, los productores del maíz de mundo dedicaron el 5% de su cosecha a la producción de etanol, que se comercializa como una alternativa a los combustibles fósiles y se mezcla con la gasolina. En la campaña agrícola 2010-2011 se triplicó la parte de la producción mundial de maíz transformada en etanol hasta alcanzar el 15%. Los generosos programas de ayudas en los Estados Unidos, Europa y el Brasil fueron un factor importante para incentivar a los agricultores a que destinasen parte de sus cultivos de maíz y azúcar a la producción de biocombustibles en vez de alimentos. La UNCTAD estima que cabe atribuir a la competencia de los biocombustibles entre un 15% y un 20% de los precios de exportación de los cereales. Más importante aún, los biocombustibles son una especie de bisagra entre los mercados de cereales y los mercados de energía, lo que debilita la influencia de los indicios de la demanda y la oferta en los precios de los cereales.

Desde el punto de vista del desarrollo, el informe explica en detalle cómo la singularidad del auge actual ha afectado a los países en desarrollo dependientes de los productos básicos. Un efecto directo de los elevados precios de los alimentos y de su volatilidad es que reducen la seguridad alimentaria de las poblaciones más pobres. En 2008 la crisis de los precios de los alimentos arrojó al hambre a otros 119 millones de personas en todo el mundo. Muchos países en desarrollo dependientes de los productos básicos son importadores netos de alimentos, razón por la cual las alzas de precios se traducen para ellos en un déficit comercial. Desde entonces ha persistido la volatilidad de los precios de los alimentos, la cual disuade a los agricultores de invertir en nuevos equipos o en tierras y afecta muy negativamente sus opciones de seguros e instrumentos de cobertura de riesgos.

Asimismo, en muchos países en desarrollo dependientes de los productos básicos es desproporcionada la dependencia de las importaciones de petróleo. Por ello, pese a los ingresos adicionales conseguidos gracias a las exportaciones de otros productos básicos, sus posibles beneficios a menudo se esfumaron por el aumento del costo de las importaciones de petróleo. La consecuencia es que, pese al auge, ha empeorado la balanza comercial de esos países. Para las familias de los países en desarrollo, el alza de los costos de las importaciones de combustibles y alimentos supone una grave amenaza, pues los alimentos representan el 50% o más del total de los gastos de una familia normal, y aún mucho más en el caso de las más pobres.

Además de tener que pagar más por sus importaciones de petróleo y alimentos, los gobiernos de los países en desarrollo dependientes de los productos básicos han invertido las ganancias imprevistas generadas por sus exportaciones principalmente en los mercados internacionales de capitales, lo que supone un comportamiento sorprendente en comparación con el anterior modelo de desarrollo impulsado por las exportaciones. Durante el período de rápido desarrollo industrial de muchas economías de Asia Oriental y el Sudeste asiático, por ejemplo, sus gobiernos reinvirtieron las ganancias imprevistas generadas por las exportaciones de petróleo o productos agrícolas en proyectos industriales o de infraestructura, pero también en el mercado de capitales de sus países. Estas inversiones ayudaron a diversificar su economía, mejorar su capacidad productiva y aumentar su capital disponible.

En cambio, los gobiernos de los países en desarrollo dependientes de los productos básicos, en lugar de invertir en su país, han utilizado los ingresos por exportaciones para devolver la deuda externa y constituir sus propias reservas de divisas. Estas operaciones de capital extranjero son importantes para demostrar a los inversionistas extranjeros la solvencia y estabilidad económica del país, pero no contribuyen al fomento de los sectores productivos y financieros de las economías nacionales de este tipo de países.

Según la UNCTAD, la tendencia de los países en desarrollo a invertir sus ingresos de exportación en los mercados internacionales de capitales es un síntoma de un cambio de mayor calado hacia el modelo de "globalización impulsada por las finanzas". De haberse materializado, este cambio acarrea importantes repercusiones en los países que adoptan estrategias de desarrollo basadas en las exportaciones.

Entre otras cosas, en el informe se recomienda que, en lo que respecta a los productos básicos, se estudie y revise la "arquitectura de la gobernanza internacional" y que se emprendan más actividades de investigación sobre las posibles políticas y soluciones técnicas a los problemas que tienen planteados los países en desarrollo dependientes de los productos básicos.

El Informe puede consultarse en: http://www.unctad.org/en/PublicationsLibrary/suc2011d9_overview_en.pdf.


Para obtener más información, póngase en contacto con:

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En Doha, T: +974 7795 3748/7792/8023
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