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Mensaje de la UNCTAD a la cumbre río+20: el comercio es esencial para la sostenibilidad
El Secretario General recomienda establecer un "Foro para el comercio mundial y la economía verde" como resultado de la próxima "Cumbre para la Tierra"

UNCTAD/PRESS/PR/Doha/2012/028
Doha, Qatar, (25 abril 2012)

El comercio mundial es un instrumento esencial para aumentar la demanda y la oferta de bienes y servicios inocuos para el medio ambiente y es vital para ayudar a los países a adoptar vías de desarrollo "más verdes", según dijeron los expertos el miércoles en una mesa redonda titulada "Incorporación de la sostenibilidad en las políticas de comercio y desarrollo: hacia la Cumbre Río+20".

Ese será el mensaje de la UNCTAD para la Cumbre Río+20, oficialmente llamada Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, que se celebrará del 20 al 22 de junio en Río de Janeiro. La primera "Cumbre para la Tierra" se celebró en Río en 1992.

El Secretario General de la UNCTAD, Supachai Panitchpakdi, que dio inicio a la mesa redonda el cuarto día de la XIII Conferencia cuatrienal de la UNCTAD que aquí se celebra, recomendó emprender dos nuevas iniciativas en la etapa de seguimiento de la Cumbre. Señaló que una debía atender a las preocupaciones sobre el "proteccionismo" verde mediante la creación de un nuevo espacio institucional, al margen de las negociaciones y controversias en curso, que permitiera fomentar un diálogo y un intercambio de soluciones con base empírica. Esa iniciativa podía denominarse Foro para el comercio mundial y la economía verde. La segunda iniciativa podía ayudar a los países en desarrollo a aprovechar las oportunidades comerciales que brindaría el nuevo proceso de ecologización de la economía mundial prestándoles asistencia para identificar oportunidades prometedoras para las exportaciones verdes.

El Sr. Supachai dijo que, si bien los mercados podían contribuir a las transformaciones estructurales necesarias para avanzar hacia una economía verde, el papel de los gobiernos como reguladores y promotores de las industrias nacionales seguía siendo esencial. Destacó que no había un modelo único para llevar a cabo esa transición; cada país debía definir su propia senda hacia una economía verde. El comercio podía mejorar la eficiencia de los recursos e impulsar la difusión de tecnología "limpia" al transmitir a las empresas y a los países en desarrollo las preferencias ambientales y sociales de las empresas y consumidores de los mercados mundiales.

Según los oradores, lo fundamental era encontrar la forma de lograr el crecimiento económico sin que aumentaran los riesgos ambientales, la escasez de recursos naturales, las disparidades sociales y la pobreza.

Paul Magnette, Ministro de Empresas Públicas, Políticas Científicas y Cooperación para el Desarrollo de Bélgica, señaló que nos enfrentábamos a múltiples problemas y crisis que estaban claramente interconectados. Río+20 debía representar una verdadera oportunidad para replantear la percepción actual de las pautas de crecimiento, consumo y producción, así como del bienestar.

Hans Peter Egler, Jefe de la División de Promoción del Comercio de la Secretaría de Estado para Asuntos Económicos de Suiza, dijo que el Programa Biotrade de la UNCTAD, que ayudaba a abrir acceso a los mercados para los productos de los países en desarrollo elaborados a partir de un uso sostenible de la biodiversidad de su flora y su fauna, era un buen ejemplo de la forma en que la apertura de los mercados y la evolución de las preferencias de los consumidores podían generar nuevas oportunidades empresariales para los participantes en la economía verde.

Elmer Schialer, Director de Negociaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, describió cómo las exportaciones de productos basados en la biodiversidad del país se habían multiplicado por diez en los últimos diez años, hasta alcanzar 400 millones de dólares en 2010. Indicó que en Indonesia se había alcanzado un valor similar con las exportaciones de productos cosméticos naturales. La participación de las poblaciones y los pequeños productores locales gracias al apoyo de la Iniciativa Biotrade había contribuido de manera esencial al logro de prácticas sostenibles y había garantizado la equidad y la participación en esas cadenas mundiales de valor.

Los oradores señalaron que las políticas nacionales de promoción de la economía verde podían ser incompatibles con las normas multilaterales de comercio, lo que podía plantear problemas. Esa falta de coherencia podía hacer que a los países les resultara difícil establecer unas políticas eficaces de economía verde. Faisal Ismail, Embajador de Sudáfrica ante la Organización Mundial del Comercio, destacó la necesidad de reequilibrar las normas de la OMC para que pudieran facilitar la transición hacia una economía más verde que aportara a las naciones menos prósperas beneficios tangibles en materia de desarrollo. Entre las cuestiones que debían examinarse cabía citar los ajustes fiscales en frontera unilaterales, la transferencia de tecnología, las flexibilidades en los aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio (ADPIC) y las normas sobre subvenciones.

En términos generales, los oradores dijeron que las medidas comerciales debían ser compatibles con el Principio 12 de la Declaración de Río, que insta a los países a no utilizar medidas de política comercial con fines ambientales como medio de discriminación arbitraria o injustificable o de restricción del comercio internacional. Alya Ahmed Saif Al Thani, Embajador de Qatar ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, dijo que, con unos mercados mundiales abiertos y un entorno empresarial propicio, no solo Qatar, sino todos los países, podían encontrar oportunidades en mercados de nicho que les permitieran beneficiarse de un comercio más verde.

Los participantes señalaron que las negociaciones previas a Río+20 habían sido difíciles debido a la diferente capacidad de los países para realizar la transición hacia economías más verdes y equitativas. Si bien la mayoría de los gobiernos eran optimistas sobre los beneficios que podían lograrse, muchos seguían verdaderamente preocupados por las desventajas competitivas y las posibles perturbaciones en los mercados y los obstáculos sociales y financieros que podía provocar esa transición.

Los oradores coincidieron en que la transición hacia una economía más verde y más equitativa no sustituía a la exigencia de la sostenibilidad, pero constituía una oportunidad para integrarla plenamente en la búsqueda del desarrollo.


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