Destacados encargados de la formulación de políticas y expertos dijeron el martes, en una mesa redonda sobre el sistema internacional de comercio y el desarrollo incluyente, que los países en desarrollo debían elaborar estrategias nacionales y crear capacidades industriales para integrar mejor sus economías en actividades de alto valor añadido en la cadena de valor, lo que permitiría impulsar el comercio, crear empleo y aprovechar mejor las oportunidades de obtener ingresos.
El debate, que tuvo lugar el cuarto día de la XIII conferencia cuatrienal de la UNCTAD que aquí se celebra, contó con la participación del Secretario General de la UNCTAD, el Director General de la Organización Mundial del Comercio (OMC), ministros de comercio, embajadores ante la OMC, funcionarios de otros organismos internacionales y representantes del sector privado. La mesa redonda fue moderada por Ransford Smith, Secretario General Adjunto de la Secretaría del Commonwealth.
Los oradores destacaron que el comercio era una condición necesaria pero insuficiente para lograr un desarrollo incluyente y sostenible. Señalaron que la forma y el orden en que los países liberalizaban sus economías, así como los sectores que liberalizaban y las políticas que aplicaban, influían en gran medida en la efectividad y el alcance de la difusión de los beneficios del comercio a las poblaciones nacionales.
El Secretario General de la UNCTAD, Supachai, dijo que el sistema multilateral de comercio era un bien público valioso para todos y que era preciso reforzarlo. Se estaba convirtiendo en un sistema multipolar con nuevos participantes y más oportunidades de comercio en el Sur. Señaló que la estructura multilateral del comercio desempeñaba una función esencial. Indicó que en ese momento había cierta tensión entre la globalización y los programas nacionales de desarrollo e instó a que se encontrara la forma de compatibilizar y complementar ambas cuestiones.
El Director General de la OMC, Pascal Lamy, dijo que el sistema multilateral de comercio no necesitaba ninguna reforma. Señaló que, si bien la estructura del comercio había cambiado, las cuestiones que se debatían en la OMC seguían siendo las mismas. En cambio, la importancia relativa de esas cuestiones había variado y cada una de ellas se enfrentaba a limitaciones políticas internas. Indicó que el problema era que a nivel nacional se oponía resistencia a una mayor liberalización del comercio y se temía a la competencia.
Los panelistas dijeron que una de las principales dificultades de la utilización del comercio para el logro de beneficios en materia de desarrollo era que los países en desarrollo en su mayoría producían materias primas y consumían productos acabados. El problema fundamental era encontrar la forma de que esas economías pasaran a producir productos con mayor valor añadido y de crear el empleo que tanto necesitaban. El Ministro de Comercio de Sudáfrica, Rob Davies, dijo que ello no era fácil y requería políticas estratégicas. En el caso de los países africanos, una mayor integración regional contribuiría a mejorar su comercio, al fomento de su capacidad nacional y a su crecimiento económico, señaló.
Diversos panelistas dijeron que los países en desarrollo necesitaban que la Ronda de Doha de negociaciones comerciales tuviera un resultado equilibrado y equitativo. Indicaron que era importante que el resultado diera gran prioridad a las preocupaciones en materia de desarrollo, por ejemplo mejorando el acceso a los mercados y eliminando las distorsiones del comercio que afectaban a los países en desarrollo. Señalaron que algunos productos de los países en desarrollo presentaban ventajas comparativas, pero seguían enfrentándose a elevados aranceles en algunos países desarrollados.
Varios oradores señalaron que el "desarrollo" no estaba suficientemente integrado en las nuevas políticas de comercio. Esos participantes afirmaron que las cadenas mundiales de suministro no eran una panacea y que no debían olvidarse las denominadas "viejas" cuestiones comerciales, como la reforma del sector agrícola y del comercio de otros bienes. Lo que había cambiado en el último decenio era el número de actores y su composición y distinta capacidad económica. Roberto Carvalho de Azevêdo, Embajador del Brasil ante la OMC, afirmó que el estancamiento de la Ronda de Doha no se debía a un problema institucional, sino que era una cuestión de equilibrio equitativo.
Jayant Dasgupta, Embajador de la India ante la OMC, dijo que la liberalización del comercio debía servir como "instrumento de desarrollo" y no debía considerarse un fin en sí misma. La liberalización del comercio resultaba beneficiosa para algunos y perjudicial para otros a corto plazo y la magnitud del ajuste podía ser insostenible para los países en desarrollo con escasa capacidad nacional. El Embajador dijo que hacían falta instituciones y marcos reguladores sólidos, políticas complementarias y redes de seguridad social para el logro de la sostenibilidad y la inclusividad.
Zhang Xiangchen, Director General del Departamento de Investigación de Políticas del Ministerio de Comercio de China, dijo que China deseaba desempeñar una función constructiva en el sistema multilateral de comercio, pero no un papel destacado, ya que seguía siendo un país en desarrollo.
Los oradores dijeron que la UNCTAD debía seguir actuando como foro y plataforma para la búsqueda de consenso sobre las cuestiones nuevas y emergentes relativas al comercio internacional y el sistema de comercio, de manera que esas cuestiones pudieran abordarse más adelante para la elaboración de normas en otros foros, como la OMC. En este sentido, consideraban que la función de la UNCTAD era lograr la coherencia de las políticas económicas mundiales. Instaron a que se diera un nuevo impulso a la labor de la UNCTAD para que pudiera contribuir mejor a forjar un consenso multilateral sobre cuestiones de particular importancia para el desarrollo incluyente y sostenible.