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El apoyo económico al mundo en desarrollo debe continuar pese a la crisis mundial, se afirma en una reunión sobre

UNCTAD/PRESS/IN/2008/028/Rev.1
13 November 2008

La Junta de Comercio y Desarrollo se prepara para la conferencia sobre financiación de Doha; los Estados miembros y el Secretario General de la UNCTAD piden la participación de las Naciones Unidas en la reforma del sistema financiero internacional

Ginebra, 13 de noviembre de 2008 - Se necesitan soluciones sistémicas a la crisis financiera mundial; las Naciones Unidas, con su amplia representatividad, deben participar en la elaboración de soluciones; y la ayuda y otras formas de apoyo económico a los países en desarrollo no deben decaer ahora que los países más ricos tienen sus propias turbulencias financieras que afrontar, dijo esta mañana el Secretario General de la UNCTAD, cuando el organismo se prepara para una cumbre mundial sobre "la financiación para el desarrollo".

Con la expansión de la crisis financiera, las dificultades que plantean los costos de los alimentos y las enormes fluctuaciones de los precios de la energía, el mundo se enfrenta a una "triple crisis" que es preciso abordar, dijo el Secretario General de la UNCTAD, Sr. Supachai Panitchpakdi, en una reunión ejecutiva de la Junta de Comercio y Desarrollo de ese organismo.

Varios oradores se hicieron eco de sus opiniones en esta reunión destinada a preparar la contribución de la Junta a la Conferencia internacional de seguimiento sobre la financiación para el desarrollo. La Conferencia se celebrará en Doha, del 29 de noviembre al 2 de diciembre, cinco años después de la aprobación del Consenso de Monterrey sobre la Financiación para el Desarrollo, en Monterrey (México).

"Ante las sumas fenomenales para programas de rescate y de estímulo" habilitadas por los países ricos, "cuesta entender por qué los recursos se vuelven de pronto tan escasos cuando se trata de ofrecer asistencia para el desarrollo", dijo Supachai Panitchpakdi. "Como ha señalado acertadamente el economista Jeffrey Sachs, Europa y los Estados Unidos movilizaron el pasado mes alrededor de 3 billones de dólares en garantías y fondos de rescate para los bancos, pero no han destinado este año ni siquiera una diez milésima parte de esa suma a ayudar a los más pobres del mundo a producir más alimentos -y ello, cuando se está en plena crisis de alimentos y cunde el hambre".

Según estudios preliminares, durante las anteriores crisis bancarias la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) proporcionada a los países pobres disminuyó entre un 20 y un 40%, dijo Supachai Panitchpakdi. En el caso de la crisis actual, las estimaciones de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) indican que la inversión extranjera directa en los países en desarrollo habrá disminuido un 40% en 2008. Las remesas a los países en desarrollo de los nacionales que trabajan en el extranjero -una gran fuente de ingresos- podrían mermar en hasta un 6% y según la Oficina Internacional del Trabajo, la crisis financiera abocará al desempleo a unos 20 millones de personas más en el mundo, y sumirá en la extrema pobreza a 40 millones de personas más.

La crisis brinda a las Naciones Unidas la oportunidad de desempeñar "una función esencial en la generación de ideas innovadoras, fomentando el diálogo universal y el consenso", dijo Supachai Panitchpakdi. "Las Naciones Unidas son el foro por antonomasia para la participación de todos cuando deben tomarse decisiones de alcance mundial".

El Secretario General añadió que la UNCTAD ha constituido un grupo de trabajo sobre cuestiones sistémicas y cooperación económica "para coordinar la investigación sobre las principales debilidades del sistema financiero internacional y de la arquitectura institucional conexa que conciernen a los países en desarrollo". El grupo de trabajo se centrará, entre otras cosas, en la especulación con divisas y la cooperación monetaria mundial, la especulación con futuros de productos básicos y la volatilidad de sus precios, y la reglamentación y supervisión del sector financiero.

El Secretario General dijo asimismo que una propuesta hecha por la UNCTAD hace ya tiempo merecía un examen más detenido: la creación de un sistema monetario y financiero mundial basado en la cooperación para "garantizar, sobre una base multilateral, las mismas reglas del juego para todas las partes interesadas, más o menos como ocurre con las normas multilaterales de comercio, que se aplican a todos los socios comerciales".

"La gente se pregunta si se trata de una recesión o una depresión", dijo posteriormente Debapriya Bhattacharya, de Bangladesh, Presidente de la Junta de Comercio y Desarrollo, en una breve intervención ante los asistentes. "Pronto lo sabremos". El Sr. Bhattacharya añadió que la comunidad internacional debía abandonar la "actitud de bombero" y adoptar una respuesta más centrada y coordinada a la crisis financiera.

Kwaku Agyemang Manu, Viceministro de Comercio e Industria de Ghana, dirigiéndose también a los presentes desde el estrado, dijo que, desde antes de la crisis actual, los esfuerzos para aplicar el Consenso de Monterrey "han sido mediocres, porque, si bien es cierto que se han logrado avances significativos en relación con el alivio de la deuda [...], los progresos han sido muy limitados en otros aspectos de la movilización de recursos nacionales e internacionales para el desarrollo, la promoción del comercio internacional como motor del desarrollo y la solución de problemas sistémicos mediante la ampliación de la participación en la gobernanza económica mundial".

Respecto de la crisis actual, opinó que "no se debe permitir que desbarate los importantísimos esfuerzos que los países en desarrollo han hecho en los últimos años para sostener el crecimiento económico".

Mothae Anthony Maruping, Embajador y Representante Permanente de Lesotho ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, en una ponencia ante la reunión, afirmó que las causas de la crisis actual radicaban en los instrumentos financieros de alto riesgo, la "especulación galopante" y la falta de supervisión por las agencias reguladoras, en particular en los países desarrollados. Los efectos en los países en desarrollo serían importantes, e incluirían la disminución de las exportaciones, la reducción de los ingresos fiscales, y un aumento de los problemas de la deuda. Los gobiernos podrían tener dificultades "para satisfacer las necesidades humanas básicas". Debe ponerse fin a las constantes "promesas rotas" que afectan a los países en desarrollo, advirtió el Sr. Maruping.

Peter Gooderham, Embajador y Representante Permanente del Reino Unido ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, señaló, en su ponencia, que "en nuestros mercados financieros las reglas del juego simplemente no han podido seguir el ritmo de la globalización". Las causas profundas del problema se debatirían el 15 de noviembre en la cumbre de Washington sobre la crisis financiera. A esa cumbre asistirían los miembros del Grupo de los 20 países desarrollados y en desarrollo, por invitación del Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. "En Washington intentaremos comenzar la reforma del sistema financiero mundial sobre la base de los principios básicos de la transparencia, la integridad, la responsabilidad, la buena práctica bancaria, y la gobernanza internacional", afirmó el Sr. Gooderham.

El tercer ponente, Vassily Nebenzia, Representante Permanente Adjunto de la Federación de Rusia ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, dijo que la crisis exigía "la más amplia difusión posible de información" sobre ella y sobre las medidas para mejorar y reformar la contabilidad y la auditoría y el sistema financiero general, a fin de restablecer la confianza. La arquitectura financiera internacional debía ser "democrática y estable" y había que comenzar por "reestructurar" esa arquitectura, dijo el Sr. Nebenzia.

Entre los grupos regionales que intervinieron en la reunión, un representante de Lesotho, en nombre del Grupo de los 77 y China, opinó que se requería una solución global a los problemas de la economía mundial, y que, para cumplir con lo acordado en el Consenso de Monterrey, debía adoptarse "un enfoque holístico del desarrollo que conceda la misma importancia a la salud de la economía mundial que a la de las economías nacionales".

Un representante de Francia, en nombre de la Unión Europea (UE), dijo que la estabilidad financiera era sin duda "un bien público mundial" que requería supervisión y cooperación internacional. La UE defendía firmemente la financiación para el desarrollo y el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), y consideraba que deberían adoptarse las medidas necesarias, aprovechando el "papel esencial" de las instituciones de Bretton Woods (el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional), para llevar a cabo una efectiva y completa reforma del sistema financiero internacional basada en los principios de transparencia, estabilidad bancaria e integridad de la gobernanza económica y financiera internacional.

Un representante de Indonesia, en nombre del Grupo Asiático, dijo que "el buen funcionamiento de la economía y los sistemas financieros mundiales conciernen a todos los países" y que "la participación universal en el proceso de reforma" de estos sistemas "es esencial y debe llevarse a cabo en el marco de las Naciones Unidas".

Una representante de Barbados, en nombre del Grupo de los Estados de América Latina y el Caribe (GRULAC), afirmó que los miembros del Grupo "están resueltos a participar activamente en la determinación de la respuesta internacional que se necesita para restablecer la estabilidad financiera mundial y aumentar la confianza en la economía en general". Y añadió que una respuesta eficaz era vital "para que nuestros países puedan retomar la senda de un crecimiento económico sostenido".

Un representante del Chad, en nombre del Grupo Africano, dijo que sólo la aplicación de "medidas estructurales concertadas" podría ayudar a aliviar los efectos de la crisis financiera en África. Se debían tomar medidas importantes para permitir a África resistir a los choques externos causados por la crisis actual, proteger y expandir el progreso económico logrado en los últimos cinco años y seguir reduciendo la pobreza. En África, la pobreza todavía afecta a la mitad de la población, afirmó el representante.

En nombre del Grupo D -las economías en transición-, un representante de Kirguistán dijo que entre las medidas para promover la financiación para el desarrollo, especialmente ante la creciente crisis financiera, debía figurar el apoyo a la adhesión de los países en transición a la Organización Mundial del Comercio, la expansión del comercio entre las economías en transición y los países en desarrollo, el uso eficaz y eficiente de la energía, medidas para atender las necesidades de los países en desarrollo sin litoral y el fomento de la ciencia, la tecnología y la política de innovación en las economías en transición.

Un representante del Paraguay, en nombre de los países en desarrollo sin litoral, dijo que el crecimiento económico y el bienestar social de los países sin litoral siguen siendo muy vulnerables a las convulsiones de la economía internacional, especialmente porque los costos del transporte en esos países son elevados y los costos de la energía tienen repercusiones importantes. Los países en desarrollo sin litoral suelen tener un bajo grado de desarrollo y un capital insuficientes y, por lo general, carecen de la infraestructura necesaria para una expansión económica sostenida, por lo que es necesario prestar especial atención a sus necesidades en la actual crisis financiera, afirmó el representante.

Por último, un representante de Nepal, en nombre del grupo de los países menos adelantados, dijo que estos países, pese al rápido crecimiento económico mundial del último lustro, se están quedando rezagados. Las crecientes turbulencias financieras están acrecentando sus dificultades. Esos países ya están teniendo que luchar con las crisis de los alimentos y del combustible y con el cambio climático. Se requieren mecanismos nuevos, innovadores y eficaces para reducir la pobreza y elevar el nivel de vida en los países más pobres del mundo, dijo el representante.

La sesión de la tarde de la reunión comenzó con una videoconferencia con K. S. Jomo, Subsecretario General de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas. El Sr. Jomo inició su intervención diciendo que las negociaciones en curso que culminarían en la Conferencia internacional de seguimiento sobre la financiación para el desarrollo eran reflejo de la urgente necesidad de abordar algunos temas contemporáneos. Estaba claro que había que actualizar el Consenso de Monterrey. Desde 2002, la economía mundial estaba mucho más integrada, y la crisis actual desmentía toda afirmación de un supuesto "desacoplamiento" del Sur respecto de las economías de los países industrializados. También era preocupante que los productos manufacturados de los países en desarrollo hubieran experimentado, en términos generales, una disminución en comparación con los productos manufacturados de los países desarrollados. Era evidente que se requería más ayuda y atención para ampliar la capacidad productiva de las economías de los países en desarrollo.

El Sr. Jomo dijo además que había que abordar tres grandes cuestiones: el aumento de la cooperación fiscal internacional, el mecanismo de seguimiento de la Conferencia sobre la financiación para el desarrollo, que tenía que ser más eficaz, y la cuestión de una reforma financiera sistémica: había acuerdo general en que se necesitaba una nueva arquitectura financiera internacional.

Heiner Flassbeck, Director de la División de Globalización y Estrategias de Desarrollo de la UNCTAD y Presidente del nuevo Grupo de Trabajo de la Organización sobre cuestiones sistémicas y cooperación económica, señaló que estaban agrandándose los desequilibrios entre los déficit y los excedentes por cuenta corriente de países de todo el mundo, lo que indicaba que habían aumentado los riesgos asociados con la situación monetaria de varios países y explicaba en parte por qué la crisis financiera estaba teniendo una repercusión tan generalizada. Se trataba de una cuestión sistémica que sólo podía abordarse en el plano mundial.

Lo que está ocurriendo no es sólo una crisis de las hipotecas de alto riesgo dijo Heiner Flassbeck; hay varias "partidas de especulación" en juego, no sólo la burbuja especulativa de las hipotecas de alto riesgo, sino también otras que entrañan la especulación con divisas y con productos básicos. La crisis de las hipotecas de alto riesgo desencadenó esas otras crisis, pero por lo demás no está relacionada con ellas. La reaparición de los problemas de la especulación con divisas y con productos básicos indica que no se ha aprendido nada desde la crisis financiera de Asia y América Latina de finales de los noventa; la especulación con divisas y productos básicos fue un problema también entonces. Y ese problema no se abordó. Las repercusiones de este tipo de especulación suelen ser especialmente peligrosas y perjudiciales para los países en desarrollo, dijo el Sr. Flassbeck.

Varios Estados miembros de la UNCTAD también tomaron la palabra. Se hicieron nuevos llamamientos para que se reformase el sistema financiero internacional y continuasen los programas internacionales de financiación del desarrollo a pesar de la crisis financiera; diversos representantes nacionales afirmaron que era necesaria una mayor transparencia de los instrumentos financieros y que la especulación con divisas debía estar sujeta a una regulación más estricta. Varios países asiáticos se refirieron a las lecciones aprendidas durante la crisis financiera asiática de 1997 y 1998.

También contribuyeron al debate los representantes de China, el Japón, Azerbaiyán, Angola, Venezuela, el Pakistán, Turquía, el Irán, Tailandia, México, Trinidad y Tobago, Noruega, la India, el Yemen, Marruecos, Malasia, Angola, Egipto y El Salvador.

Intervinieron además dos organizaciones de la sociedad civil: Oxfam International y la Cámara de Comercio Internacional, cuyo representante dijo que, pese a la preocupación porque la situación de los mercados financieros siguiera empeorando durante un cierto tiempo, se albergaba la esperanza de que las deficiencias de los mercados financieros no menoscabasen los logros del sistema de economía de mercado y la globalización para sacar a millones de personas de la pobreza.




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