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COMUNICADO DE PRENSA
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LA UNCTAD PIDE CAMBIOS EN LA POLÍTICA ECONÓMICA PARA EVITAR

TAD/INF/PR/9822
25 August 1998

Como consecuencia de la crisis financiera de Asia oriental, la economía mundial se encuentra en el filo de la navaja...A menos que la región pase de la deflación a la reflación, y los países europeos y el Japón impulsen la demanda global de bienes y servicios, podría producirse una recesión mundial de grandes proporciones, tal es la advertencia que hace la UNCTAD en su Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 1998(260 páginas) (disponible en inglés) hecho público hoy. Intentar resolver una crisis de sobreinversión y de fragilidad financiera sistémica reduciendo la demanda interna sólo creará más dificultades. La justicia sale mal parada cuando los costos de las fallas del mercado y de las medidas destinadas a proteger a los acreedores recaen en los países en desarrollo y a expensas del nivel de vida de la población. Esta afirmación sirve de base para las novedosas propuestas de la UNCTAD encaminadas a afrontar mejor las crisis financieras (Véase TAD/INF/PR/9821)

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Por su alcance y repercusiones, la actual crisis económica asiática es más grave que cualquier otra crisis de los últimos treinta años, y todavía no ha dejado sentir todos sus efectos. Tan sólo en este año, el costo de la crisis de Asia oriental será del orden del 1% de la producción mundial, lo que supone unos 260.000 millones de dólares, cifra equivalente al ingreso anual del Africa subsahariana. El crecimiento de la economía mundial se estima para este año en un 2%, con un descenso de 1,2% respecto del porcentaje de 1997. Además, existe el riesgo de que nuevos errores de política económica precipiten a la economía mundial en una profunda recesión.

Prácticamente todo el mundo en desarrollo se ve afectado

El detallado análisis que se hace en el Informe de la situación y perspectivas de la economía mundial muestra que los países en desarrollo como grupo se han visto más severamente golpeados por las consecuencias de la crisis que los países desarrollados, aunque con importantes variaciones regionales. Por primera vez en muchos años, el crecimiento del mundo en desarrollo se quedará a la zaga del de las economías desarrolladas, con una tasa inferior al 2,5% (la mitad de la de 1997). La desaceleración también ha afectado a China, donde es improbable que el crecimiento sea muy superior al 6%, cifra correspondiente casi a la mitad de la lograda por término medio desde comienzos del decenio.

Tras haber conseguido en 1997 sus mejores resultados en materia de crecimiento de los últimos 25 años, América Latina está en proceso de sufrir este año una pronunciada baja en su crecimiento, que la situará en una tasa del orden del 3%. Inclusive los crecientes déficit en cuenta corriente en muchos países muestran la vulnerabilidad de la región a la baja en las entradas de capital, y pueden provocar una contracción aún mayor.

Africa debería superar su crecimiento del 3,3% del último año, pero sin que llegue a igualar la cifra lograda en 1996 y que además estará muy por debajo del objetivo del 6% fijado por las Naciones Unidas para poderla sacar de la marginación. La vulnerabilidad a las perturbaciones de los precios de los productos básicos y el endeble desempeño de algunas de las mayores economías de la zona siguen suscitando preocupación. La crisis de los países asiáticos afectará directamente a varios países africanos vinculados comercialmente con aquellos. La expansión de sus exportaciones también puede resentirse de las consecuencias indirectas de la crisis sobre los principales socios comerciales de Europa y América del Norte. Además, tampoco se sabe si los efectos negativos del sistema climático de "el niño" sobre el continente africano se han acabado.

Asia meridional ha escapado en cierta forme a las consecuencias de la crisis financiera de Asia oriental gracias a las restricciones en la convertibilidad de las transacciones de la cuenta de capital en las principales economías y gracias a contar con una deuda externa a corto plazo más limitada. El crecimiento debería beneficiarse en 1998 de condiciones climáticas mejores que las que contribuyeron al lento progreso de 1997.

Esas tendencias se han visto oscurecidas por los enormes cambios registrados en la producción de Asia oriental. La disminución de la producción se estima ser superior al 12% en Indonesia, del 6 al 8% en la República de Corea y Tailandia, y del 2% en Hong Kong, China. No se espera que la región se recupere antes de que transcurran varios años.

El panorama de las economías desarrolladas es confuso

En los Estados Unidos, el crecimiento se aceleró durante el último año mientras la inflación siguió bajando. Sin embargo, el exceso del gasto de los particulares respecto del ingreso, que es lo que ha promovido el crecimiento reciente, no puede proseguir. Es difícil predecir con qué rapidez la economía se frenará. Sin embargo, a juicio del Informe, "un aterrizaje más duro del que se prevé actualmente" es una clara posibilidad.

El crecimiento de Europa occidental aumentó en 1997, pero, con la excepción del Reino Unido, ese crecimiento más alto se debió a las exportaciones. Aunque en 1998 Francia y otros varios países europeos empezaron a registrar un crecimiento basado en la demanda interior, se prevé que la crisis asiática afecte el crecimiento tanto del PIB como de las exportaciones de la Unión Europea en 0,5 puntos en el presente año. Asimismo, no es de esperarse que la política monetaria del Banco Central Europeo estimule durante el inicio su existencia. En el futuro inmediato es probable que veamos un EURO fuerte, presiones deflacionarias y un desempleo persistente.

El Japón entró en recesión en 1998 y se espera que el crecimiento sea negativo a lo largo del año. Es poco probable que el conjunto recientemente anunciado de medidas fiscales de estímulo surta efectos apreciables este año. Su futuro éxito dependerá de que se resuelvan las debilidades estructurales en el sector financiero y se invierta el declive del gasto privado. Según la UNCTAD, tal cosa requerirá que quienes dirigen la política económica hagan una evaluación a fondo de sus ideas respecto de los determinantes del crecimiento.

Hasta ahora, los males económicos que le aquejan al Japón, le han impedido desempeñar un papel más prominente en la crisis asiática. La UNCTAD no ve, sin embargo, razón alguna para que el país no facilite una cuantiosa financiación exterior en forma de préstamos a largo plazo.

Perspectivas mixtas en las economías en transición

Algunos indicios prometedores son ahora visibles en Europa central y oriental, donde se espera que haya un segundo año consecutivo de crecimiento moderado desde el comienzo de la transición. Los efectos de la crisis asiática sobre casi todos esos países han sido limitados. Se confía en que la economía rusa registre su crecimiento más fuerte desde 1989, pero la fragilidad del sistema financiero y los efectos de la caída en un 30% de los precios internacionales del petróleo pueden dar al tracte con esa previsión.

Contagio comercial

El comercio ha sido un factor clave en la propagación de la crisis ya que el incremento de los intercambios mundiales (en términos de volumen) descenderá bastante por debajo del 9,5% de 1997. América Latina, de cuyas exportaciones un 10% ha sido dirigida al Asia oriental, es particularmente vulnerable. En algunos países como Chile, ese porcentaje es casi del 40%. Asimismo, casi el 60% de las exportaciones latinoamericanas a los mercados de la OCDE pueden verse perjudicadas por la competencia asiática. Las cifras son menos preocupantes para Africa, pero aún así algunos países tales como la República Democrática del Congo, la República Unida de Tanzanía y Zambia, dependen de entre un cuarto y un tercio de sus ingresos de exportación del Asia oriental.

Los exportadores que dependen de productos primarios son los que se verán más afectados. La crisis de Asia oriental ha sido, entre todos, el factor más importante del reciente descenso de los precios de los productos básicos. Entre junio de 1997 y abril de 1998, los precios de esos productos distintos del petróleo cayeron alrededor del 10%, registrándose bajas especialmente en metales y productos agrícolas. Las pérdidas en ingreso de exportación que han subido algunos países en los que cuentan mucho los productos primarios podrían representar hasta el 12% de su PIB.

Los principales países industriales han ganado más hasta la fecha con el descenso de los precios de los productos básicos y la mejor relación de intercambio de lo que han perdido con las menores exportaciones al Asia. Con todo, las repercusiones no serán tan halagüeñas a la larga. Antes de la crisis, el crecimiento mundial dependía de la expansión en los Estados Unidos y Asia oriental, cuyos grandes déficit externos se financiaban con las entradas de capital privado. Por lo demás, los países del Norte dependían de un crecimiento impulsado por las exportaciones que compensaba sus rígidas políticas fiscales. Esas disparidades produjeron inestabilidad cambiaria y desequilibrios comerciales, viéndose compensados los excedentes de Europa y el Japón por los déficit estadounidenses.

Hacer recaer el peso de la crisis sobre las víctimas

Del análisis que se hace en el Informe del impacto social de la crisis en Asia oriental se encuentra que la carga está recayendo injustamente en los segmentos más pobres y vulnerables de la población. Ya han disminuido los puestos de trabajo en sectores que en lo pasado reducían la pobreza al absorber mano de obra rural poco calificada, en particular el sector de la pequeña y mediana empresa. Los efectos del desempleo se ven agravados por los mayores precios de los alimentos y el menor gasto social. Las repercusiones podrían incluso extenderse a la próxima generación de adultos si la matrícula en la escuela primaria disminuye y aumenta la malnutrición infantil. Aun con estimaciones que pecan de prudentes, se prevé que la proporción de la población indonesia que en 1998 vivirá por debajo de la línea de pobreza sea como mínimo superior en un 50% a la de 1996. Se estima que en Tailandia la pobreza aumentará cuando menos un tercio.

Los mecanismos de ayuda mínima social pueden ayudar a las víctimas de la inestabilidad financiera. No obstante, sólo un cambio de la política económica de deflación a reflación puede resultar en mejoras duraderas. Tipos de interés más bajos, mayor liquidez y más gasto público ayudarían a evitar el colapso social y económico, según la UNCTAD.

Hasta ahora no se ha reconocido ni la gravedad ni las nuevas características de esta situación, y los pronunciamientos realizados sobre la supuesta debilidad estructural de las economías en crisis y sobre la necesidad de acelerar aún más la liberalización en realidad han empeorado las cosas. En el Informe se aduce que las formas actuales de abordar la gestión de las crisis han convertido una crisis de liquidez en una crisis de solvencia. Consiguientemente, se recomendan nuevos modos de abordar las crisis financieras en general (Véase TAD/INF/PR/9822).

Riesgos globales

Las corrientes financieras a los mercados emergentes distintos de los de Asia oriental no parece que disminuyan. Pero el precio ha sido alto. Se han introducido restricciones monetarias y fiscales preventivas para frenar la demanda y mantener la confianza en los mercados. Además, las monedas de muchos países emergentes están registrando las cotizaciones más bajas de su historia respecto del dólar. Según el Informe, "Los frutos de un duro trabajo en el mundo en desarrollo, tanto en activos como en bienes, están ahora esfumándose". Invertir en activos vendidos a precios de saldo no sienta las bases de un mayor crecimiento y de una mejora sostenida del nivel de vida en el Sur.

El peor escenario respecto de la economía mundial es la presencia de nuevos brotes de inestabilidad financiera en los mercados emergentes, de una corrección de los precios de acciones y obligaciones acompañada de una acusada desaceleración en los Estados Unidos, una política monetaria rígida en Europa, una prolongada recesión en Asia oriental y el Japón, y de mayores desequilibrios comerciales en los principales países industriales. Todo ello podría hundir a la economía mundial en una profunda y tal vez dilatada recesión; también podría significar la reaparición de serios conflictos comerciales.

Evitar que se llegue a tal situación depende de la contribución a la demanda mundial de las economías desarrolladas, en particular las de Europa y el Japón, así como la implementación de un cambio que tenga como resultado dar marcha atrás a las políticas deflacionarias de Asia oriental.




Para más información, sírvanse dirigirse a:
Jefe de la Sección de Macroeconomía, Yilmaz Akyüz
División de Globalización y Estrategias de Desarrollo, UNCTAD
T: +41 22 907 5841
F: +41 22 907 0274
E: yilmaz.akyuz@unctad.org
or
Funcionaria Principal de Prensa de la UNCTAD, Carine Richard-Van Maele
T: +41 22 917 5816/28
F: +41 22 907 0043
E: press@unctad.org.



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