unctad.org | UN DRAGÓN AGAZAPADO: EN UN INFORME DE LA UNCTAD SE EXAMINAN DETENIDAMENTE LAS OPORTUNIDADES Y DIFICULTADES DE CHINA EN EL SISTEMA MUNDIAL DE COMERCIO
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UN DRAGÓN AGAZAPADO: EN UN INFORME DE LA UNCTAD SE EXAMINAN DETENIDAMENTE LAS OPORTUNIDADES Y DIFICULTADES DE CHINA EN EL SISTEMA MUNDIAL DE COMERCIO

TAD/INF/PR/43
29 April 2002

En su Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2002 (1), la UNCTAD pronostica que los resultados previstos de la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) serán, entre otros, un proceso de liberalización, un crecimiento del comercio y mayores corrientes de inversiones extranjeras directas (IED). Con todo, y pese a la extraordinaria expansión de las exportaciones chinas en el sector de las manufacturas, el país no está inmune al tipo de dificultades experimentadas por los países que han pasado rápidamente desde la sustitución de importaciones a una orientación hacia el exterior, y en el Informe se considera que "es probable que surjan dificultades, principalmente en los sectores dominados por las empresas estatales y en la agricultura".

El comercio de bienes y servicios de China ha venido creciendo durante más de un decenio a una tasa superior al doble de la tasa media mundial, y las exportaciones del país representan en la actualidad más del 4% del total de las exportaciones mundiales, especialmente en el caso de las manufacturas intensivas en mano de obra. Tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo se ha expresado preocupación por el hecho de que los bajos salarios de China representan para ésta una gran ventaja competitiva en el comercio internacional, y su reciente adhesión a la OMC no ha hecho sino aumentar esa preocupación. No obstante, según el Informe, si se tienen en cuenta las diferencias de productividad, la ventaja de China es menos clara (cuadro 1). El análisis de la propia UNCTAD indica que el país seguirá siendo un fuerte competidor en relación con algunos productos tradicionales intensivos en mano de obra (como el vestido y el calzado) y las actividades de montaje en los sectores de alta tecnología. En el Informe se llega a la conclusión de que es probable que las nuevas economías industrializadas (NEI) de segundo nivel de Asia oriental y otros mercados emergentes de renta media, como México, sean los que afronten la mayor competencia por parte de los exportadores chinos.

Sin embargo, la apertura del mercado de China también entraña nuevas oportunidades comerciales para otros países en una amplia gama de productos, desde los basados en recursos hasta los de gran intensidad de tecnología; de hecho, es más probable que el auge de las importaciones tenga lugar en el caso de productos de la gama intermedia, como los textiles, la maquinaría eléctrica y no eléctrica y los vehículos automóviles. En el Informe se sostiene que hay probabilidades de que ello redunde especialmente en beneficio de los países industriales avanzados y las NEI de primer nivel de Asia. Aun así, también algunas economías de África y América Latina pueden esperar un aumento de sus exportaciones de productos primarios.

En el Informe se expresa preocupación por el hecho de que una liberalización demasiado rápida podría resultar especialmente problemática para las empresas estatales. Al final del decenio de 1990, estas empresas daban empleo a 83 millones de personas (un 12% del empleo total) y generaban un 38% de la renta nacional y un 50% de las exportaciones. Con todo, en el Informe se señala que tales empresas "se caracterizan por un excesivo empleo, altos niveles de existencias, una baja productividad, una baja utilización de la capacidad, escalas ineficientes de producción y una tecnología anticuada". A menos de que sea objeto de una gestión apropiada, una fuerte conmoción en sectores tales como los textiles y los automóviles podría ocasionar importantes pérdidas de puestos de trabajo que tal vez fuera difícil compensar con la expansión de otras esferas (cuadro 2).

Se prevé que las inversiones extranjeras directas (IED) desempeñarán un importante papel en la transición, al promover e impulsar las exportaciones; a diferencia de lo ocurrido en otras regiones en desarrollo, el año pasado aumentaron las IED en China, y gran parte de ellas guardaban relación con las redes de producción internacional. La parte correspondiente a las empresas extranjeras en las exportaciones totales de China alcanzó un 48% en 2000, en comparación con tan sólo un 2% en 1986. Sin embargo, en el Informe se advierte de que no debe esperarse demasiado de las empresas transnacionales (ETN); gran parte de su actividad depende en alto grado de importaciones, que representan la mitad del valor de sus exportaciones, y como las remesas de beneficios (20.000 millones de dólares) exceden con mucho su superávit de exportación (2.000 millones de dólares), los beneficios reinvertidos (que se calculan en 12.000 millones de dólares) siguen siendo insuficientes para que las empresas extranjeras sean un contribuyente positivo a la cuenta corriente de China. En todo caso, no es probable que estas empresas puedan colmar cualquier brecha en el empleo que pueda provocar un auge de las importaciones; en el Informe se estima que, para poder hacerlo, las exportaciones tendrían que llegar a representar en 2005 más del 40% del PIB, pero ello comportaría una importante relocalización de la actividad industrial de otros lugares del mundo en desarrollo y una inundación de los mercados de productos tales como las prendas de vestir y algunos artículos electrónicos, en los que ya es grande el peligro de la errónea hipótesis de que lo que es bueno para unos es bueno para todos.

En el Informe se sostiene que el deseo de China de avanzar, a la vez, en el frente de la industrialización y en el de la integración exigirá una serie cabal de políticas para estimular a una parte importante de su fuerza de trabajo cualificada a dedicarse a nuevas actividades manufactureras, y para lograr un perfeccionamiento tecnológico con etapas bien concebidas, inclusive la sustitución de piezas, partes y componentes importados por otros producidos en el país. Las políticas tendrán asimismo que contribuir a crear un número mucho mayor de nuevos puestos de trabajo en los sectores internos, inclusive el de los servicios. Con el tiempo será indispensable un mejoramiento de los conocimientos, aptitudes y cualificaciones para sostener la rápida industrialización. El Informe llega a la conclusión de que China reúne las condiciones iniciales necesarias para poner en marcha esa estrategia y observa algunos indicios de la adopción de medidas en ese sentido.

Mientras el país reorienta su estrategia de desarrollo, el reto inmediato es velar por que se lleve a cabo un ajuste gradual a las nuevas condiciones. A este respecto, en el Informe se sostiene que es importante que China siga gozando de su autonomía en lo que se refiere a la gestión del tipo de cambio de su moneda para, si fuera necesario, evitar perturbaciones en ciertos sectores de la economía. Una combinación prudente de ajustes monetarios e impuestos internos podría contribuir a absorber las conmociones que pudieran sufrir las industrias vulnerables, sin provocar distorsiones de la asignación de recursos ni incumplir los compromisos que el país ha asumido al adherirse a la OMC.




Apuntes

1. El Informe sobre el Comercio y el Desarrollo, 2002 (Nº de venta S.02.II.D.2, ISBN 92-1-112549-9) puede obtenerse al precio de 39 dólares de los EE.UU., y a un precio especial de 19 dólares en los países en desarrollo y los países en transición, en la Sección de Ventas de Publicaciones de las Naciones Unidas, Palais des Nations, CH-1211 Ginebra 10, Suiza, Fax: +41 22 917 0027; Email: unpubli@unog.ch; Internet: http://www.un.org, o en Publicaciones de las Naciones Unidas, 2 UN Plaza, Oficina DC2-853, Departamento PRES, Nueva York, NY 10017, Estados Unidos de América, Tel: +1 212 963 8302 ó +1 800 253 9646; Fax: +1 212 963 3489; Email: publications@un.org.





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