unctad.org | EL CONSUMIDOR ESTADOUNIDENSE MANTIENE LA ECONOMÍA MUNDIAL A FLOTE EN 2001, PERO NO ES PROBABLE QUE INICIE UNA FUERTE RECUPERACIÓN EN 2002, SEGÚN LA UNCTAD
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EL CONSUMIDOR ESTADOUNIDENSE MANTIENE LA ECONOMÍA MUNDIAL A FLOTE EN 2001, PERO NO ES PROBABLE QUE INICIE UNA FUERTE RECUPERACIÓN EN 2002, SEGÚN LA UNCTAD

TAD/INF/PR/41
29 April 2002

La economía mundial ha desmentido las predicciones de una profunda recesión tras los acontecimientos del 11 de septiembre. Sin embargo, aunque mucho depende de los resultados que logre la economía de los Estados Unidos, parece dudoso que se registre una tendencia de crecimiento mundial más equilibrada. En el Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2002 (1), de la UNCTAD, publicado hoy, se sostiene que es necesario estimular fuertemente la demanda en los principales países industriales a fin de que la recuperación adquiera impulso y que los países en desarrollo no tropiecen con dificultades para alcanzar sus objetivos de crecimiento y desarrollo.

En 2001 se produjo una fuerte desaceleración del crecimiento de la economía mundial, que descendió al 1,3% desde el 3,8% registrado en 2000. Tras el cambio desfavorable de la coyuntura en los Estados Unidos, los resultados se debilitaron en todas las regiones económicas importantes del mundo desarrollado, y los efectos secundarios en los países en desarrollo fueron más intensos que en anteriores fases de contracción. El comercio internacional desempeñó un papel importante en lo que concierne a la transmisión de las repercusiones de la desaceleración en el mundo industrial a los países en desarrollo. Tras un incremento del 14% en 2000, el volumen de las exportaciones de estos países creció menos del 1% en 2001. El crecimiento de estos países en conjunto fue del 2,1%, frente al 5,4% el año anterior.

Varias economías de mercado emergentes, sobre todo de Asia Oriental y América Latina, entraron en recesión. China y la India resistieron las presiones a la baja y el crecimiento en este último país aumentó ligeramente con relación a 2000. La situación en Africa permaneció estable, pero a una tasa de crecimiento demasiado baja. La aguda desaceleración del alza del comercio puso término a la mayoría de los superávit por cuenta corriente logrados en 2000 por los países en desarrollo en su conjunto. Además, y a diferencia de la recesión que se produjo al principio de los años noventa, la liberalización de la política monetaria en los países avanzados no ha conllevado a una inyección de capital en los mercados emergentes. Es más, en el Informe se expresa la preocupación de que el alza de las corrientes en el decenio de 1990 haya sido un auge puntual.

Con todo, y pese a la continua insuficiencia de las corrientes de capital hacia los mercados emergentes, que disminuyeron aún más después del 11 de septiembre, los tipos de cambio han sido bastante estables. Las principales excepciones son la Argentina y Turquía; en la Argentina, el final del régimen de tipo de cambio fijo ha estado vinculado a una crisis económica mucho más amplia y a una fuerte devaluación de la moneda. La experiencia argentina constituye una advertencia contra la utilización de normas simples para la consecución de una estabilidad duradera.

No obstante la respuesta concertada de los bancos centrales más importantes del mundo después del 11 de septiembre, sólo en los Estados Unidos de América se ha centrado sistemáticamente la política en una acción encaminada a limitar los efectos de la desaceleración de la actividad económica sobre el empleo y los ingresos reales. El Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la zona del euro ha dado lugar a que se traten de alcanzar objetivos en materia de déficit sin prestar suficiente atención a la situación coyuntural en la región, al tiempo que la política monetaria no ha reaccionado en forma agresiva. Aunque un euro débil ha contribuido a mantener la demanda exterior, vista desde una perspectiva mundial la política económica en la zona del euro ha sido restrictiva. En el Japón, las esperanzas parecen cifrarse igualmente en que una moneda más débil ponga en marcha una recuperación impulsada por las exportaciones. Sin embargo, según el Informe, una recuperación sostenida en ambas regiones depende de que un aumento de la confianza de los empresarios y consumidores se traduzca en una subida de las inversiones y el gasto de los consumidores; no es probable que la sola política monetaria proporcione el estímulo que se precisa.

Mucho depende de la intensidad de la recuperación en los Estados Unidos. Hasta la fecha, un nivel del gasto de los consumidores más alto de lo previsto, impulsado por unas condiciones relativamente firmes del mercado de trabajo, y el aumento de la confianza de dichos consumidores, han limitado la caída de la producción y han apuntado a un restablecimiento económico. Aun así, para que la recuperación sea fuerte y duradera, el gasto de los consumidores tiene que ser de un nivel lo suficientemente alto para convencer a los productores de que tienen que acrecentar sus inversiones. Un alto grado de endeudamiento de los hogares y una baja utilización de la capacidad de la industria pueden plantear problemas a este respecto. Aunque se siente la preocupación de que se produzca una segunda recesión, el resultado más probable es que la economía estadounidense se estabilice a una tasa de crecimiento baja aunque positiva. Ello sólo produciría efectos de concatenación limitados en Europa y el Japón, que siguen dependiendo de una reactivación impulsada por las exportaciones. Además, si el dólar continúa siendo fuerte al tiempo que el crecimiento en Europa y el Japón es lento, el déficit por cuenta corriente de los Estados Unidos se incrementará aún más, con el peligro de una intensificación de las presiones proteccionistas en este país y el riesgo de que una posible devaluación del dólar inicie un período de inestabilidad monetaria más generalizada.

Como consecuencia de políticas activas destinadas a estimular la demanda interna, en la mayoría de las economías de Asia se volvió a registrar un crecimiento positivo en el último trimestre de 2001. Algunas economías de América Latina habían mostrado también signos de recuperación hacia el final del año. Sin embargo, la tasa de crecimiento en el mundo industrializado debe volver a situarse rápidamente en el 3% para permitir un aumento vigoroso del empleo y los ingresos en todo el mundo en desarrollo. La consecución de tal objetivo exige un aumento sustancial de la demanda de las exportaciones procedentes de los países en desarrollo, una recuperación importante de los precios de los productos básicos y un fuerte aumento de las corrientes de capital.

En un contexto de crecimiento mundial lento, un mayor acceso a los mercados podría dar gran impulso a la actividad económica en los países en desarrollo. En la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) celebrada en Doha, se reconocieron las inquietudes que estos países ya habían expresado antes en Seattle. El desafío actual es lograr que el sistema de comercio multilateral sea más favorable para el desarrollo. Según el Informe, los resultados se juzgarán teniendo en cuenta la medida en que los países en desarrollo consigan un mayor acceso a los mercados sin que sus opciones en materia de políticas se vean restringidas excesivamente. Entretanto, una mayor utilización de los mecanismos comerciales y de financiación regionales puede atenuar en cierta medida las limitaciones externas y proporcionar una cierta protección contra la inestabilidad financiera. No obstante, muchos países en desarrollo seguirán teniendo necesidad de una considerable ayuda financiera oficial. La financiación para el desarrollo ha adquirido una mayor prominencia después de la Conferencia de Monterrey. Aun así, si no hay coherencia en lo que concierne a las cuestiones económicas, financieras, comerciales y de desarrollo, y transversalmente entre ellas, seguirá siendo difícil dar forma concreta a las promesas de la mundialización.




Apuntes

1. El Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2002 (Nº de venta S.02.II.D.2, ISBN 92-1-112549-9) puede obtenerse al precio de 39 dólares de los EE.UU., y a un precio especial de 19 dólares en los países en desarrollo y los países en transición, en la Sección de Ventas de Publicaciones de las Naciones Unidas, Palais des Nations, CH-1211 Ginebra 10, Suiza, Fax: +41 22 917 0027; Email: unpubli@unog.ch; Internet: www.un.org, o en Publicaciones de las Naciones Unidas, 2 UN Plaza, Oficina DC2-853, Departamento PRES, Nueva York, NY 10017, Estados Unidos de América, Tel: +1 212 963 8302 ó +1 800 253 9646; Fax: +1 212 963 3489; Email: publications@un.org.





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