unctad.org | LA CRISIS FINANCIERA EN ASIA ORIENTAL
COMUNICADO DE PRENSA
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LA CRISIS FINANCIERA EN ASIA ORIENTAL

TAD/INF/BN/9801
30 January 1998

1. ¿En qué medida la crisis financiera en Asia Oriental difiere de las crisis anteriores?

Posiblemente esta sea la crisis financiera más seria desde la caída del sistema de Bretton Woods de comienzos de los años 70, tanto en términos de su alcance como en cuanto a sus implicaciones. Su impacto ha sido mucho más generalizado que el de las crisis financieras pasadas, las ocurridas hace dos o tres décadas, incluyendo las crisis ocurridas en América Latina. Hoy día, la integración financiera mundial es mucho más amplia y los países de Asia Oriental tienen una mayor participación en el comercio y en la producción mundial. Por primera vez, una crisis financiera iniciada en países del Sur tiene un impacto profundo en los mercados de capitales de países del Norte. Se espera que también cause una caída significativa en el crecimiento económico mundial.

2. ¿Cuáles son las raíces de la actual crisis?

Aunque diversas influencias han incidido en diferentes países de la región, un hecho comúnmente aceptado es que la crisis tiene su origen en el sector privado y se ha manifestado en una forma de fracaso del mercado de connotaciones particularmente graves. Se podría resumir como el resultado de un exceso de préstamos extranjeros por parte del sector privado, o bien, de un exceso de créditos otorgados por los mercados financieros internacionales. En cualquier caso, como lo señaló Alan Greenspan, Presidente de la Junta de Reserva Federal de los Estados Unidos, a estas economías les ingresó un flujo de ingresos superior al que podía haberse utilizado de manera rentable asumiendo un menor riesgo. Por lo tanto, la crisis comprobó el fracaso de la liberalización de los mercados financieros como mecanismo para garantizar una asignación óptima de capital a nivel mundial. Un episodio similar ocurrió en los países del cono sur de América Latina a finales de los 70 y comienzos de los 80. Al sector privado se le permitió el acceso sin restricciones al crédito externo bajo la creencia de que, para las firmas privadas, la diferencia entre la deuda externa y la doméstica no suponía un asunto tan crucial; de hecho, dichas firmas evaluarían cuidadosamente los costos y beneficios ya que de ello dependería su propia supervivencia. El resultado fue que se produjo un exceso de préstamos y una crisis de deuda, requiriéndose subsidios para el pago de servicio de la misma, mediante tasas preferenciales y, eventualmente, mediante la nacionalización de la deuda externa privada y una socialización de facto del sistema bancario.

3. ¿Cuál es el rol de los gobiernos en la actual crisis?

Posiblemente se podría criticar a los gobiernos por no haber logrado prevenir con anticipación el fracaso de los mercados. La discusión sobre lo que hubiesen podido hacer los gobiernos es, sin duda, un asunto complejo. Para algunos, el problema no reside en la liberalización en sí misma sino en la ausencia de una regulación prudente y efectiva y en una adecuada supervisión del sistema bancario. No se ha puesto en duda la utilidad de imponer límites prudenciales al crédito bancario, requerimientos al manejo de fondos propios y de las condiciones que permitan mantener un balance de los activos y pasivos mediante el manejo del circulante. Adecuadamente utilizados, estos mecanismos pueden contribuir a prevenir el exceso de riesgo de los bancos, conteniendo así los efectos adversos de una moratoria generalizada Sin embargo, no es fácil prevenir la expansión del crédito doméstico cuando los flujos de capital ingresan y provocan una expansión rápida de liquidez. En tanto que los flujos de capital ingresan y la expansión de la liquidez se mantiene sin control, el crédito eventualmente pasa de ser una financiación para inversiones productivas y seguras a fomentar la adquisición de activos especulativos y de riesgo. Esto a la vez hace que aumenten los valores colaterales de los activos financiados por estos créditos y, en consecuencia, fomenta el interés en apropriarse de estos valores. Esta fue la experiencia registrada no sólo en Asia, sino también en México a comienzos de los 90 y en los Estados Unidos en los años 80.

En la medida en que continúa el boom de la inversión, se mantiene el fuerte crecimiento mientras la balanza de pagos se deteriora. Sin embargo, eventualmente el servicio de la deuda pasa a ser suspendido y los bancos se debilitan. Así, el deterioro de la balanza de pagos y el debilitamiento del sector financiero son dos caras del mismo proceso de excesivo flujo de capitales. El problema básico es la ausencia de instrumentos para restringir tales flujos y contener su impacto sobre las condiciones monetarias y macroeconómicas. Es difícil controlar este proceso solamente mediante reglamentaciones bancarias prudentes. En cualquier caso, tales reglamentaciones no permiten prevenir el exceso de empréstitos no - bancarios en el extranjero. Esto no siempre se logra percibir claramente, aunque, en Asia Oriental una importante parte de los préstamos de la banca internacional está dirigida a entidades no financieras: una tercera parte se concentra en la República de Corea, alrededor de un 60 por ciento en Malasia y Tailandia, y aún más en Indonesia. Además, los mercados financieros internacionales no imponen una disciplina adecuada a los prestamistas privados de los países en desarrollo. Con frecuencia, se manifiesta un comportamiento procíclico, tanto al conceder como al solicitar préstamos, lo cual puede resultar desestabilizador. Las repercusiones mundiales de este proceso de alzas y caídas característico de las finanzas se acentúa aún más por la mayor integración de los mercados y el aumento en la movilidad del capital. Por ello es que los gobiernos necesitan estar preparados para hacer uso de un rango amplio de instrumentos políticos, que incluyen pero no se limitan a reglamentaciones prudentes.

4. ¿Cuál es el rol de los factores externos?

Además de la reacción exagerada de los mercados financieros en el otorgamiento y la solicitud de créditos, dos factores externos parecen haber jugado un rol primordial. En primer lugar, la apreciación del dólar que condujo a la apreciación de las monedas en la región, dado que estaban vinculadas al dólar. La división regional del trabajo en Asia Oriental (en el contexto del proceso llamado "vuelo de gansos") supone un patrón estable de tasas de cambio; ésta puede ser una razón importante para que los países no estuvieran dispuestos a devaluar unilateralmente con respecto al dólar y frente a las monedas entre ellos. Segundo, la abundancia de ciertos productos manufacturados en mercados de la región, como por ejemplo los productos electrónicos, condujo a una severa caída de los precios. Aunque se ha concentrado la atención en las repercusiones del exceso de inversión en algunas áreas, cabe destacar que ello es también el reflejo de una recesión de la demanda global - un fenómeno que la UNCTAD ha venido advirtiendo constantemente en los últimos años en contraste con la satisfacción que muchos han manifestado en relación al crecimiento mundial de la economía. En cualquier caso, hace menos de diez años se mencionaba ampliamente el problema de la insuficiencia de ahorros en la economía global. En los actuales momentos, sin embargo, los argumentos han cambiado y se considera que existe un exceso de inversión global en momentos en que crece el desempleo en los países del Norte y no se logran mitigar las altas tasas de pobreza en países del Sur.

5. ¿Pudo haberse previsto la crisis?

La inestabilidad financiera se ha convertido en un elemento sistémico de la economía global y ha venido ocurriendo con bastante frecuencia desde comienzos de la década pasada. De allí que esa inestabilidad haya sido un tema recurrente en nuestro Informe anual sobre el Comercio y el Desarrollo (ICD). En 1990 argumentábamos que la política consistente en dejar a los mercados el manejo de asuntos financieros, estaba creando serias presiones sobre las relaciones internacionales deudor-acreedor y sobre los pagos internacionales y los acuerdos sobre las tasas de cambio. Alertamos que a pesar de que los trastornos del mercado financiero habían sido frenados hasta el presente, "en tanto que el sistema financiero y monetario internacional siguiera siendo vulnerable de manera estructural, la amenaza de una crisis extremadamente costosa seguía estando presente". Desde entonces la economía mundial ha sido testigo de una serie de situaciones de inestabilidad financiera, incluyendo la deflación de la deuda en algunos de los principales países industrializados, una crisis de las tasas cambiarias en Europa, una crisis financiera en América Latina, y ahora la crisis de Asia Oriental. A comienzos de los 90, la secretaría de la UNCTAD se encontraba entre la minoría que de manera persistente expresaba sus dudas acerca de la sostenibilidad de la situación financiera externa de México. En relación con la situación en Asia Sur oriental, el ICD de 1996 presentó una clara advertencia, señalando que el crecimiento en la región descansaba de manera excesiva en recursos foráneos, y que estas economías podrían verse afectadas por una pérdida de competitividad ya que eran altamente vulnerables a las interrupciones en los ingresos de capital. En el ICD de 1998, publicado en septiembre, retomó el tema presentando un análisis detallado de las causas y efectos de la crisis, la respuesta política y sus implicaciones globales, así como las acciones necesarias que deben ser adoptadas a nivel mundial y nacional para evitar tales crisis.

6. ¿Cómo puede ser evaluada la política de respuesta a nivel internacional?

El tratamiento adecuado para enfrentar una crisis de este tipo representa un desafío político complejo. En efecto, han surgido desavenencias importantes entre los economistas de la corriente dominante sobre los beneficios de un paquete de políticas comunes que contemple, entre otras cosas, austeridad fiscal y ajuste monetario. La mayor preocupación es que estas políticas pueden conducir a una profunda recesión de las economías. Se ha demostrado lo difícil que es restaurar la confianza y la estabilidad en los mercados cambiarios. Es necesario entonces, encontrar una manera para prevenir el debilitamiento de una respuesta positiva a los cambios en las tasas cambiarias por los efectos de las altas tasas de interés en cuanto a los sectores bancarios y la capacidad de las compañías para cumplir con sus obligaciones financieras. Las limitaciones crediticias parecen ser de tal magnitud que, a pesar de que hayan tasas de cambio favorables, las firmas no pueden exportar, ya que su acceso al crédito comercial ha sido restringido. Así, una parte importante del mejoramiento de los actuales balances contables de la República de Corea y Tailandia, hasta el momento parece atribuirse más a recortes de importación que a una expansión de las exportaciones. Sin embargo, mirando a un horizonte más largo, el incremento de las exportaciones debería tener un rol más importante en cuanto al ajuste externo requerido.

7. ¿Qué debe hacerse?

Enfrentar positivamente la crisis incluiría una serie de elementos. Primero, los créditos deben ser prorrogados y renegociados para permitirle a los países pagar el servicio de la deuda en función de las ganancias de futuras exportaciones y no mediante el incremento del crédito externo a tasas de interés excesivamente elevadas. Esta medida debería combinarse con el suministro de liquidez externa para apoyar la tasa cambiaria y facilitar la búsqueda de una política monetaria más aceptable mientras se realiza la reestructuración del sector financiero. Al respecto, hay lecciones importantes que deben ser aprendidas acerca de la política de respuesta que adoptó la Junta de Reserva Federal de Estados Unidos ante la deflación de la deuda de comienzos de los 90 - una respuesta que jugó un rol importante en lograr una de las más largas recuperaciones luego de una de las más profundas recesiones de la posguerra. Finalmente, es necesario incrementar el crecimiento mundial para incentivar mercados en los que los países asiáticos puedan obtener las divisas necesarias para pagar su deuda externa. En consecuencia, un elemento importante en las búsqueda de soluciones consiste en controlar la tendencia deflacionista de las políticas macroeconómicas en aquéllas áreas del mundo desarrollado que registran un superávit en la balanza de pagos. Mientras que los países con superávit no inicien acciones que conduzcan al crecimiento de la demanda doméstica y reduzcan su superávit externo, la economía mundial continuará siendo vulnerable al riesgo de la inestabilidad financiera y a la recesión, y la crisis del sudeste asiático seguirá contribuyendo al descenso del crecimiento mundial y a generar fricciones del sistema cambiario.

8. ¿La crisis financiera asiática desestimulará el crecimiento económico mundial?

En vísperas de la crisis, ya existía un desbalance importante en la economía mundial: virtualmente todos los países industrializados importantes, excepto los Estados Unidos estaban esperando crecer más rápidamente basándose en el incremento de las exportaciones. Los países con superávit en su balanza de pagos (Europa y Japón) aplicaban políticas de restricción fiscal e intentaban incrementar su superávit en las exportaciones para preservar el crecimiento. Con las excepciones notables de China y la Provincia Taiwán de China, el crecimiento rápido de las economías de Asia Oriental contribuyó de manera importante a la demanda global administrando grandes déficits financiados por los ingresos de capital privado. Tal vez, lo único positivo de la crisis de Asia Oriental es que ha servido para poner un alto a la tendencia hacia la restricción monetaria y a tasas de interés más altas en Estados Unidos y en Europa, y en consecuencia ha permitido prevenir una brecha deflacionaria mundial que podría haberse acentuado con el tiempo. Asimismo, ha aliviado la preocupación de los bancos centrales del riesgo de la inflación lo que condujo a que Alan Greenspan, Presidente de la Junta de Reserva Federal de los Estados Unidos mencionara la deflación. Japón se ha visto también en la necesidad de tomar medidas para estimular su economía y fortalecer su sector bancario cuya debilidad ha puesto límites a la actividad económica. Sin embargo, la crisis en Asia Oriental ha traído consigo un crecimiento más lento de la demanda y la producción global. Este hecho es reconocido por el FMI y la OCDE, que han revisado (disminuyendo) sus estimaciones sobre el crecimiento.

9. ¿Afectara la crisis de Asia la puesta en marcha de la Unión Monetaria Europea (UME)?

La crisis de Asia Oriental puede presentar un desafío adicional para la UME. Varios observadores han señalado que la desincronización en los ciclos de varios de los países participantes, junto con las restricciones de las políticas individuales de presupuesto y la ausencia de un centro fiscal fuerte como el de los Estados Unidos, puede causar fricciones en relación a la adopción de políticas similares de tasas de interés y cambiarias, particularmente teniendo en cuenta que las condiciones iniciales relativas a los pagos externos y a los mercados laborales difieren ampliamente. Tales fricciones también pueden presentarse cuando la comunidad UME reciba impactos externos asimétricos que requieran como respuesta políticas monetarias diferentes para los diversos participantes. Al respecto, la coincidencia de la crisis asiática con el lanzamiento de la UME puede ser un motivo importante de preocupación.

10. ¿Cómo puede afectar la crisis a otras regiones en desarrollo?

Hay tres canales de influencia. En primer lugar, el contagio y el vuelo de los capitales: hasta ahora ello no se ha percibido pero no debe descartarse. En segundo lugar, se espera que la crisis influya sobre las políticas en otros países en desarrollo que tengan déficits externos significativos. Estos podrían inclinarse por un recorte de sus importaciones y de sus déficits externos a fin de reducir su vulnerabilidad ante una interrupción de flujos de capital. Esto sucedió después de la crisis mexicana cuando, por ejemplo, Brasil trató de reducir su déficit externo a pesar de continuos ingresos de capital. Ciertamente esto podría ser deflacionario para los países concernientes y para la economía global en su conjunto. Finalmente, otras regiones en desarrollo se verán afectadas adversamente por cambios en las tasas cambiarias. Dada su susceptibilidad a presiones inflacionarias, los países latinoamericanos, centroamericanos y de Europa Oriental podrían no estar preparados para ajustar sus tasas cambiarias con el fin de restaurar su competitividad en los mercados mundiales.

11. ¿Existe el peligro de devaluaciones competitivas?

Esta fue la principal preocupación de los arquitectos del sistema de Bretton Woods, y esa preocupación creció después del colapso del sistema a comienzos de los 70. Sin embargo, éste se fue perdiendo de vista cuando la inflación se convirtió en el problema más importante. Como consecuencia de las implicaciones para la estabilidad de los precios, los países no querían utilizar sus tasas cambiarias con el fin de exportar el desempleo. La amenaza de las devaluaciones es mucho más seria ahora que antes porque actualmente existe el peligro de la deflación, no el de la inflación, tal como se señaló en el ICD de 1995. Por eso es tan importante que los países con superávits externos adopten políticas expansionarías.

12. ¿Es ésta una situación que pueda conducir a los países industrializados a proteger sus mercados?

UNCTAD ha argumentado siempre que la inestabilidad internacional monetaria y financiera es el principal enemigo del libre comercio. Ciertamente, los altos desequilibrios comerciales y el menor crecimiento constituyen una amenaza a los sentimientos proteccionistas y tales presiones pueden intensificarse, tanto en países con crecimiento lento y alto desempleo como en los que registran grandes déficits de comercio. Más aún, estas presiones pueden resultar exitosas en el intento de conseguir la meta de que países con superávit no persigan políticas macroeconómicas expansionistas mientras los países en desarrollo comienzan a recortar sus déficits en la balanza comercial.

13. ¿Es la crisis un retroceso del proceso de globalización?

Hay algunos argumentos que ciertamente respaldan esa idea. Durante mucho tiempo varios observadores han afirmado que no era posible hablar de un "sistema" de finanzas y moneda internacional en la forma como nos referimos al sistema comercial. En efecto, hay un vacío en el dominio de las transacciones financieras internacionales. La crisis financiera de Asia Oriental ha aumentado la concienciación sobre la necesidad de una mayor administración de las finanzas y la moneda internacional para prevenir la resurgencia de crisis similares. Indudablemente, la comunidad internacional se verá forzada a evaluar si los acuerdos existentes sobre pagos y finanzas internacionales son compatibles o no con la estabilidad y el crecimiento.

14. ¿Cuáles son los temas planteados actualmente?

El problema principal es que, aunque los mercados financieros están mucho más integrados que los productos de mercado y el capital es mucho más móvil que otros factores de producción, no existe un gobierno global de transacciones financieras internacionales análogas a los que existen en el área de comercio. Más aún, los actuales acuerdos internacionales no son sólo inadecuados, sino además asimétricos; están diseñados para disciplinar a los prestatarios más que para regular a los prestamistas. Esta situación contrasta ampliamente con la forma en que han sido diseñados los sistemas financieros nacionales. Es más, los acuerdos internacionales están diseñados para administrar crisis más que prevenirlas. Y las medidas para detener las crisis bancarias internacionales tienden a concretarse a expensas del estándar de vida, la estabilidad y el desarrollo en los países deudores del mundo en desarrollo.

En segundo lugar, con una mayor integración financiera, el impacto global de las políticas de tasas cambiarias y de interés se ha tornado mucho más importante. Esto es cierto no sólo para los principales países industrializados sino también para muchos países en desarrollo donde se ha visto que las políticas están teniendo serias repercusiones regionales o globales. No hay una vigilancia efectiva en estas áreas y no hay manera de prevenir las políticas consistentes en "cada uno para sí"que afectan las variables claves de las áreas financiera y monetaria. Es más, no hay un mecanismo para la solución de las diferencias en relación con las políticas macroeconómicas y financieras, como los hay para las políticas de comercio. Si un país aumenta los derechos de aduanas sobre las importaciones de automóviles desde la nación vecina, ésta última puede acudir a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y presentar sus recursos, pero no existe un foro en el que un país pueda realizar una presentación similar en torno al incremento de las tasas de interés de una nación importante y que tiene como efecto el aumento de su deuda financiera, o contra una devaluación que tiene la misma consecuencia sobre sus exportaciones que un aumento de los derechos aduaneros.

En tercer lugar, no existe ningún acuerdo fundamentado y regulado para el suministro de liquidez por parte de un prestamista internacional como recurso de última instancia que sea correctamente financiado.

Finalmente, existe la necesidad de un sistema de reglas y procedimientos sobre las situaciones de quiebra que gobierne las relaciones internacionales deudor-acreedor. Están siendo consideradas varias propuestas tendentes a llenar estos vacíos. La comunidad internacional necesita volcar su atención a estos temas como parte de los esfuerzos para mejorar la gestión de las finanzas internacionales.




Para más información, sírvanse dirigirse a:
Jefe de la Sección de Macroeconomía, Yilmaz Akyüz
División de Globalización y Estrategias de Desarrollo, UNCTAD
T: +41 22 907 5841,
F: +41 22 907 0274
E: yilmaz.akyuz@unctad.org
o a:
Funcionaria Principal de Prensa de la UNCTAD, Carine Richard-Van Maele
T: +41 22 917 5816/28
F: +41 22 907 0043
E: press@unctad.org.



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