COMUNICADO DE PRENSA
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Los biocombustibles avanzados desempeñarán un papel crucial en los países en desarrollo, según un informe de la UNCTAD
Estudio de las perspectivas de mercado de los nuevos combustibles producidos a partir de residuos vegetales

UNCTAD/PRESS/PR/2016/003
Ginebra, Suiza, (23 febrero 2016)

​Los biocombustibles avanzados producidos a partir de biomasa no alimentaria, también conocidos como biocombustibles de segunda generación, se han convertido en una realidad comercial, según un nuevo informe de la UNCTAD. En el informe, Second-Generation Biofuel Markets: State of Play, Trade and Developing Country Perspectives (Mercados de biocombustibles de segunda generación: situación actual, comercio y perspectivas de los países en desarrollo), se señala que esto se está produciendo en el contexto de las tecnologías avanzadas, las presiones económicas y la voluntad política de actuar sobre el cambio climático.

Como consecuencia de los compromisos ambientales que los países han contraído en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el acuerdo sobre el cambio climático de la CP 21 celebrada en París, el informe se centra en la manera de explotar el mercado de los biocombustibles de segunda generación y de poner la tecnología a disposición de los países en desarrollo.

Con un enfoque específico en el etanol celulósico, nuevo tipo de biocombustible producido a partir de madera, hierba o las partes no comestibles de las plantas, en el informe se pasa amplia revista a la situación del sector de los biocombustibles de segunda generación en 2015-2016, se reseñan geográficamente determinados proyectos de etanol celulósico y se detallan los últimos avances en materia de políticas en todo el mundo. Un factor clave para la reducción de los costes de la industria han sido las mejoras en los procesos que han permitido que el mercado se expanda.

Los Estados Unidos tienen la mayor capacidad instalada para la producción de etanol celulósico y el mayor número de centrales en funcionamiento de biocombustibles de segunda generación, según el informe, seguidos respectivamente por la República Popular China, el Canadá, la Unión Europea (UE) y el Brasil.

Los proyectos de estos países varían considerablemente en sus enfoques tecnológicos, así como en las materias primas utilizadas para la producción del combustible. Entre estas cabe mencionar el rastrojo de maíz (material vegetal que queda en el campo después de la cosecha del cereal, como las hojas y los tallos), el bagazo de la caña de azúcar (materia fibrosa que queda después de exprimir los tallos de la caña de azúcar para extraer el jugo), los residuos sólidos municipales y los residuos forestales.

Según el informe, las empresas con sede en la UE y los Estados Unidos se han asociado en el extranjero para construir centrales avanzadas de etanol: por ejemplo, el Bioproyecto Fuyang en China es el resultado de la cooperación entre Beta Renewables, con sede en Italia, y el Guozhen Group de China.

Aunque, en 2015, no hubo proyectos de etanol celulósico en el continente africano y en América Latina (excepto el Brasil), se han logrado progresos en la cogeneración de electricidad a partir de la quema de bagazo y las estufas de biomasa en estas regiones.

En general, dos estrategias principales han impulsado los biocombustibles avanzados en el mundo. La primera es una estrategia de segmentación de los mercados en biocombustibles celulósicos convencionales/avanzados utilizada en los Estados Unidos y más recientemente en la UE con la adopción de límites para los biocombustibles convencionales, lo cual ha dado lugar a un precio especial. La segunda es la disponibilidad de préstamos de bancos de desarrollo nacionales que han reducido el riesgo y han promovido el crecimiento de la industria, especialmente en China y el Brasil. Los bajos tipos de interés y una cultura de capital de riesgo también han desempeñado un papel en la promoción de la posición de los biocombustibles de segunda generación.

Sin embargo, aunque las centrales de producción se han ampliado en los tres últimos años, los datos sugieren que la producción real es mucho menor que la capacidad nominal. Ello se debe a una confluencia de factores que incluyen los altos costos de las materias primas, los altos costos de procesamiento, las deficiencias de los marcos normativos nacionales favorables a los biocombustibles avanzados, la prevención de riesgos y los límites a la cantidad de biocombustible que se puede mezclar con el combustible convencional a base de petróleo en los principales mercados.

En los Estados Unidos, el uso previsto de los combustibles celulósicos para 2015 asciende a 400 millones de litros, es decir, el 80% aproximadamente de su capacidad instalada. Se espera que otros países tengan tasas mucho más bajas.

Puede haber oportunidades comerciales en los mercados de biocombustibles de segunda generación, en particular habida cuenta de que los límites que se han impuesto recientemente a los biocombustibles de primera generación (convencionales) en Europa, junto con la creciente autosuficiencia de la UE en el ámbito de los biocombustibles convencionales, hacen que sea muy probable que se importen biocombustibles de segunda generación si los productores nacionales no cumplen sus previsiones de producción. Las propias estadísticas oficiales sugieren que es probable que los Estados Unidos también empiecen a importar etanol celulósico en los próximos años.

En el informe se señala que las futuras normas sobre los biocombustibles de segunda generación en el derecho comercial internacional deberían estar bien equilibradas y tener en cuenta las diferentes condiciones en las que se producen los biocombustibles en todo el mundo. Esas normas no deberían crear obstáculos injustificados al comercio internacional de biocombustibles, en particular siempre que haya una falta de certeza científica sobre los efectos del “cambio indirecto del uso de la tierra” en los precios de los alimentos, la biodiversidad y las emisiones de gases de efecto invernadero.

El informe concluye con cinco sugerencias para el desarrollo responsable de la industria de los biocombustibles de segunda generación:

• Crear marcos normativos para la bioenergía avanzada adaptados a las circunstancias nacionales, que no se centren necesariamente en el tipo de suministro, sino en la demanda local existente. Es probable que el cumplimiento de esas normas sea compatible con las estrategias nacionales de desarrollo de conformidad con los ODS.

• Promover la cooperación entre las organizaciones nacionales y las empresas extranjeras en proyectos conjuntos por medio de acuerdos de inversión con el fin de facilitar la transferencia de tecnología. Esto es importante para evitar la aparición de una gran brecha tecnológica entre los biocombustibles de primera generación a partir de materias primas que requieren un uso intensivo de la tierra y los de segunda generación que requieren un uso intensivo de capital en los países desarrollados y en desarrollo.

• Tomar en consideración los aspectos más amplios de los sectores de la bioeconomía, incluidos los biomateriales, de manera que se evite el encasillamiento de las vías de desarrollo industrial en sectores o tecnologías específicos. Esto proporcionaría flexibilidad a los agentes del mercado que operan las biorrefinerías, puesto que se podrían dirigir a múltiples mercados, como los de materiales, piensos, alimentos y energía, tanto nacionales como internacionales.

• Incorporar las enseñanzas extraídas de los criterios de sostenibilidad aplicados a los biocombustibles de primera generación en disposiciones o etiquetas de sostenibilidad a corto y medio plazo para los biocombustibles avanzados.

• Promover continuamente el diálogo técnico entre las diferentes regiones productoras de combustibles avanzados con el fin de asegurar que haya normas compatibles para las materias primas y promover el comercio de biocombustibles avanzados.

El informe, Second Generation Biofuel Markets. State of Play, Trade and Developing Country Perspectives, es una actualización de un estudio similar llevado a cabo por la UNCTAD en 2014.


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