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Del diseño a la ejecución: Por qué la coordinación institucional es ahora el desafío central de la política industrial en América Latina

Traducción realizada con asistencia de inteligencia artificial.

En caso de discrepancia, prevalece la versión en inglés.

El fortalecimiento de las instituciones en toda la región será, en última instancia, lo que determine si la política industrial logra una transformación productiva, resiliencia y crecimiento sostenible.

Worker in Latin America sorts fresh peaches for export
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© Shutterstock/BearFotos | Un trabajador en América Latina empaca duraznos frescos para exportación.

En América Latina y el Caribe, la política industrial está entrando en una nueva fase.

El desafío ya no es diseñar estrategias, la mayoría de los países ya lo ha hecho.

La pregunta más difícil es si los gobiernos poseen la capacidad institucional para ejecutarlas: coordinar acciones entre ministerios, agencias y niveles de gobierno, y mantener esa coordinación a lo largo de los ciclos políticos y económicos.

Del diseño de la estrategia a la implementación

Esta transición está en el centro de la iniciativa conjunta de ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sobre integración regional y política industrial para el cambio transformador y la resiliencia.

Lanzada en Ciudad de México en mayo de 2026 por la Secretaria General de UNCTAD, Rebeca Grynspan, junto a altos representantes gubernamentales de toda la región, la iniciativa ofrece un marco regional común para apoyar a los países en su paso del diseño de políticas a la implementación, mediante una coordinación institucional más fuerte, cooperación regional y formulación de políticas basadas en evidencia.

Lecciones de la República Dominicana

La República Dominicana ofrece un ejemplo contundente de este mismo desafío.

En la última década, el país ha construido uno de los marcos más completos de la región para la transformación productiva: una Estrategia Nacional de Desarrollo, una Estrategia de Desarrollo Industrial, una Estrategia Nacional de Semiconductores y la iniciativa Meta RD 2036.

La arquitectura estratégica está establecida. Lo que exige la siguiente fase no son nuevas estrategias, sino la capacidad institucional para traducir las ya existentes en acciones coordinadas y sostenidas entre instituciones públicas con distintos mandatos, horizontes temporales y restricciones de recursos.

Esto refleja una lección más amplia que emerge en toda la región.

La política industrial tiene éxito no solo porque las medidas individuales estén bien diseñadas, sino porque los gobiernos logran alinear la inversión, el comercio, la innovación, la infraestructura, las competencias y la política ambiental en torno a objetivos de desarrollo compartidos.

En una era de transición verde y digital, reconfiguración de las cadenas de suministro y profundización de la fragmentación geoeconómica, esa alineación se ha vuelto tan importante como las propias estrategias.

Fortalecimiento de las instituciones para la implementación

El proyecto conjunto UNCTAD-CEPAL responde a este desafío combinando fortalezas institucionales complementarias: el prolongado diálogo regional de políticas y el profundo conocimiento de las condiciones estructurales de América Latina de la CEPAL; y la perspectiva global de UNCTAD sobre transformación productiva, comercio, inversión y política industrial, ayudando a los países a posicionar sus estrategias nacionales ante las fuerzas que están reconfigurando la economía internacional.

Un taller nacional celebrado en Santo Domingo los días 24 y 25 de junio reunió a viceministros y altos funcionarios de las instituciones económicas, industriales, de planificación, energía y medio ambiente de la República Dominicana.

Las discusiones no se centraron en diseñar nuevas políticas, sino en cómo las estrategias existentes pueden implementarse de manera más efectiva mediante una coordinación institucional más sólida; un paso práctico dentro de un esfuerzo regional más amplio por reforzar las instituciones que, en última instancia, determinarán si la política industrial logra transformar la productividad, la resiliencia y el crecimiento sostenible.