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Mujeres emprendedoras comparten su ascenso al éxito

21 noviembre 2022

Una nueva publicación de la UNCTAD analiza lo que se necesita para que las empresas dirigidas por mujeres prosperen en tiempos difíciles.

La mozambiqueña Uneiza Ali Issufo dirige una empresa de construcción que fundó para prosperar en un sector tradicionalmente considerado masculino.

Para celebrar el espíritu emprendedor femenino, la UNCTAD lanzó el 21 de noviembre una publicación titulada "Mujeres empresarias, construyendo empresas con propósito en medio de crisis".

La publicación narra las historias de 21 mujeres provenientes de países en desarrollo que han desafiado innumerables retos para crear empresas de éxito y que han recibido formación a través del programa insignia de la UNCTAD para el desarrollo de capacidades, Empretec.

"Espero que las historias de estas 21 ‘emprendedoras líderes de Empretec’ y el ingenio y la resistencia que muestran en medio de las crisis sean una fuente de inspiración para otras mujeres y niñas que buscan modelos de conducta y esperanza en estos tiempos turbulentos", afirma la Secretaria General de la UNCTAD, Rebeca Grynspan.

Empretec ha formado a más de medio millón de emprendedores de países en desarrollo desde 1988. El programa cuenta actualmente con 41 centros nacionales de desarrollo empresarial en todo el mundo, con 40 formadores maestros internacionales y 600 formadores locales certificados.

Superar los estereotipos de género

Según la publicación, las competencias emprendedoras son fundamentales para ampliar las empresas y dirigirlas hacia nuevas direcciones.

"Si quieres cambiar el mundo, primero tienes que cambiarte a ti mismo", dijo Uneiza Ali Issufo, que fundó ConsMoz, una dinámica empresa de construcción en Mozambique, que superó los estereotipos de género al introducirse en un sector dominado por los hombres.

El apoyo de la familia también es importante cuando las mujeres emprendedoras lanzan y mantienen sus empresas.

Joyce Kyalema, de Uganda, debe su éxito a su padre, que le proporcionó una educación de calidad. Ha creado un negocio de calabazas llamado JOSMAK International desde cero, ayudando a las mujeres rurales a alimentar a sus familias y a aumentar sus ingresos.

Impulsada por la responsabilidad social

Mientras ampliaban sus negocios, estas emprendedoras mantuvieron a las comunidades cerca de sus corazones.

Rosana Marques, fundadora de Ouseuse, una empresa de lencería con sede en la ciudad brasileña de Juruaia, quería construir una empresa que sirviera a la comunidad y creara oportunidades de empleo.

La empresa, que comenzó en 1994 como un negocio de dos personas, ha crecido exponencialmente y ha impulsado a Juruaia a convertirse en la capital de la lencería, contando con muchas mujeres locales en su plantilla.

La bioquímica india Kayan Motashaw se aventuró en el negocio agroalimentario porque le preocupa mucho la seguridad alimentaria.

Su empresa LivRite Foods forma a los agricultores para que mejoren las técnicas de apicultura y obtengan ingresos durante todo el año.

Las mujeres se apoyan mutuamente

Con el espíritu emprendedor en su ADN, la zambiana Angelica Magdallen Rumsey fundó Angel Bites, que comenzó como un negocio de reparto de comida para llevar y más tarde se convirtió en una tienda de productos locales.

Tras haber superado los prejuicios de género para alcanzar el éxito, está decidida a transmitir sus conocimientos para ayudar a nutrir a las emprendedoras más jóvenes.

Fatou Gaye, que creó la Gaye Njorro Skills Academy en Gambia, también apoya a las emprendedoras más jóvenes.

"Si se apoya a una mujer, se construye una nación. Porque una mujer apoyará a otra y a quien sea que se encuentre", dijo la Sra. Gaye.

El mundo necesita más mujeres emprendedoras

A pesar de algunos avances, el poder de las mujeres en las empresas sigue siendo limitado. Las estimaciones anteriores de la UNCTAD mostraban que, entre 2010 y 2019, el 68% de las empresas de todo el mundo no contaba con ninguna mujer como propietaria, mientras que solo el 16% eran propiedad de mujeres.

Las estimaciones muestran que esta infrarrepresentación podría socavar el crecimiento económico y el empleo decente, y que la pérdida de ingresos debida a la inactividad de las mujeres en las empresas puede alcanzar hasta el 30% del PIB en los países con grandes diferencias de género.