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UNCTAD/PRESS/PR/2020/027
Aumentar los salarios y contener las rentas corporativas es la forma de recuperarse mejor del shock del covid-19, afirma la UNCTAD
Con desigualdades abismales, la economía mundial se ha vuelto más frágil

Ginebra, Suiza, 22 Septiembre 2020

Según el Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2020 de la UNCTAD, el mundo debería resolver la hiper-desigualdad para reconstruir una economía mundial mejor a partir de la devastación causada por la pandemia del coronavirus.

De todas las condiciones preexistentes expuestas por la crisis de COVID-19, la hiper-desigualdad -producto de cuatro décadas de represión salarial (véase el gráfico)- representa la mayor amenaza.

En el Informe se advierte que las referencias a una recuperación en forma de "K" anticipan un futuro aún más desigual, con una recuperación en forma de "V" para los ricos y contrariedades para todos los demás.

Basándose en probadas investigaciones, la UNCTAD teme que la polarización esté ahora muy arraigada en el modelo de crecimiento hiperglobalizado, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo.

Sostiene que para abordar este problema hay que ir más allá de la fraseología "no dejar a nadie atrás" y examinar, en cambio, la forma en que las decisiones de política escogen a los ganadores y restringen una recuperación más inclusiva. 

La crisis financiera mundial reveló hasta qué punto la industria financiera había llegado a dominar las decisiones políticas y comerciales y, al mismo tiempo, había impulsado un crecimiento quebradizo e insostenible.

"Se prometió un cambio inmediato, pero las normas y prácticas que rigen la distribución del ingreso y el poder económico han seguido siendo en gran medida las mismas", apuntó Richard Kozul-Wright, director de la División de Globalización y Estrategias de Desarrollo de la UNCTAD.

Según el Informe, la canalización de casi un billón de dólares al año por parte de las empresas del mercado bursátil S&P hacia la recompra de acciones, en vez de hacia la inversión productiva, es signo claro de lo amañadas que están las reglas del juego, mientras que la combinación de políticas imperantes ha favorecido el aumento de los precios de los activos financieros, lo que no hace sino agravar el problema.

 

Crecimiento del salario real, muestra de países, 1980–2019

(cambio porcentual por decenio)

PR20027f1

 

Source: UNCTAD Secretariat calculations based on UN Global Policy Model.

 

Una economía mundial frágil, resquebrajada por desigualdades

Como consecuencia de ello, a principios de 2020 la economía mundial se había vuelto más frágil, resquebrajada por profundas desigualdades, abismada por una deuda creciente y diseñada por una gobernanza multilateral fracturada.

La UNCTAD mantiene que la pandemia de COVID-19 ofrecería una segunda oportunidad para recuperarse mejor, pero a menos que se reduzca la captura de reguladores por parte de las corporaciones y se reduzcan las desigualdades, la economía mundial se tornará aún más frágil y el daño causado por una crisis siguiente será aún más catastrófico.

El Informe muestra que centrarse en el crecimiento del comercio internacional o la inversión extranjera directa elude el abordar las "reglas del juego" subyacentes que enmarcan el desafío de la desigualdad.

Aunque ambos se estancaron después de la crisis financiera mundial, los acuerdos de libre comercio, los paraísos fiscales, los regímenes estrechos en favor de la propiedad intelectual, de las empresas ficticias, de las recompras de acciones y del poder de monopsonio siguieron comprimiendo los salarios y aumentando los beneficios.

Los llamados a re-globalizar lo más rápidamente posible no ofrecen, según la UNCTAD, una vía deseable para salir de esta recesión mundial. Lo que el mundo necesita ahora es una recuperación mejor que la que siguió a la última crisis mundial.

El Informe se centra, en particular, en la amenaza emergente de la dualidad económica y la consiguiente polarización de los ingresos. Contrariamente a una dinámica del desarrollo exitosa, el sistema prevalente ayuda a los sectores avanzados a desprenderse de empleos y recursos, convirtiéndolos en los residuos para los sectores atrasados.

Sin un compromiso del Estado con el pleno empleo y la protección social, la disminución de la demanda permitirá a las empresas de los sectores de alta productividad y altos salarios restringir las entradas en dichos mercados, expulsando así trabajadores que se ven obligados a tomar empleos en los sectores de baja productividad y bajos salarios.

Esta forma perversa de cambio estructural socava el crecimiento de los salarios, desencadenando un círculo vicioso de mayor desigualdad, menor productividad y menor demanda. El resultado son economías de dos velocidades en las que los sectores avanzados se contraen y los sectores atrasados se expanden.

En el Informe se utilizan los datos disponibles -de China y los Estados Unidos- para ilustrar cómo, con diferentes opciones de política, una economía dual puede sea reducir o aumentar la polarización, ofreciendo así claves para la dirección de políticas hacia una mejor recuperación de la recesión del COVID-19.

Reconstruir de manera más justa

La piedra angular de una mejor recuperación es la redistribución de los ingresos, que puede lograrse situando el pleno empleo y el crecimiento de los salarios reales en el centro de las políticas macroeconómicas y sectoriales.

Si bien esto ya ocurre en algunas economías desarrolladas y en desarrollo, la austeridad fiscal sigue debilitando la demanda agregada en muchos países, mientras que los límites de la política monetaria como instrumento expansivo se han hecho evidentes tras un decenio de creación de crédito sin precedentes.

En el Informe se sostiene que los programas de obras públicas tienen un papel fundamental que desempeñar para asegurar los ingresos de los hogares y mejorar al mismo tiempo las infraestructuras y los servicios públicos en mal estado. Las transferencias de efectivo, como el ingreso básico universal, también ayudarían a sostener la demanda y reducir la desigualdad, especialmente en los países en desarrollo. 

Pero si bien el pleno empleo debe ser un objetivo de la política pública, no basta para reducir la desigualdad en los países desarrollados o en desarrollo. Los países pueden experimentar rápida creación de empleo, débil crecimiento de la demanda y lenta productividad.

Para invertir esas tendencias, los gobiernos deberían desenfrenar a la política industrial a fin de ampliar el empleo en actividades de alta productividad y asegurar de que las inversiones en sectores estratégicos, incluidos los que son decisivos para la transición verde, se realicen al nivel necesario.

En relación con esto, la política comercial debe utilizarse para favorecer este esfuerzo, fomentando la competencia en el extremo superior de la escala de productividad en lugar de servir de arma dirigida contra el poder de negociación de los asalariados.

La inversión pública es fundamental

Como complemento de las políticas industriales y comerciales, los Estados deberían retomar el papel de la inversión pública como factor esencial en la infraestructura en la mayoría de los países. Esa inversión es particularmente importante en los países en desarrollo, para que prosperen las actividades de mayor valor añadido.

Es precisamente al limitar la inversión pública que la austeridad fiscal ha obstaculizado la transformación estructural y a veces ha llevado a su truncamiento.

En todos los países, las normas de la economía deben garantizar que los trabajadores obtengan una parte más justa del valor añadido, asevera el Informe. Esto puede abordarse directamente mediante una regulación del mercado laboral que apoye la compensación de los trabajadores.

El aumento de los salarios mínimos, el fortalecimiento de las instituciones de negociación colectiva y el aumento de las contribuciones de los empleadores a la seguridad social son instrumentos evidentes.

Si bien esas medidas deberán adaptarse a las circunstancias nacionales, el aumento de la proporción de la renta del trabajo puede impulsar el crecimiento del PIB al apoyar el gasto de los hogares e, indirectamente, la inversión de las empresas.

Pero esto no sucederá a menos que una mejor gobernanza multilateral promueva y coordine un programa mundial de redistribución y recuperación.

Aumentar los salarios

El empleo y los salarios reales tendrán que aumentar considerablemente para corregir los desequilibrios distributivos que se han acumulado con la hiperglobalización, pero para construir economías más inclusivas después de la Cumbre de Copenhague también será necesario abordar directamente diversas formas de discriminación, incluso por motivos de raza y género, que siguen segmentando a las sociedades y tienen un efecto perjudicial en las perspectivas de desarrollo futuro.

Será necesario abordar directamente la lucha contra los estereotipos en el mundo del trabajo y fomentar el acceso a empleo digno y bien remunerado, especialmente mediante inversiones en infraestructura social que permitan a las mujeres combinar mejor el trabajo remunerado con la prestación de cuidados.

Habida cuenta de los retos en materia de empleo que se plantean después de COVID-19, parte de la inclusividad de género para el crecimiento y el desarrollo debe consistir en transformar el trabajo remunerado de prestación de cuidados en trabajo decente, con niveles salariales, prestaciones y la seguridad típicamente asociados con los empleos industriales en el mercado de trabajo.

En términos más generales, la política social proactiva debe ir más allá de ofrecer redes de seguridad o pisos diseñados para recoger (o evitar que caigan) a los que son empujados hacia atrás.

Los primeros datos sobre los desiguales efectos de la pandemia COVID-19 en la salud se suman a las pruebas existentes que sugieren que sólo la protección social universal, en contraposición a las políticas dirigidas a casos extremos, es eficaz para reducir las desigualdades.

La protección social universal también puede acelerar y ayudar a gestionar la transformación estructural, contribuyendo a fomentar la actualización tecnológica y el aumento de la productividad, lo que pone de relieve la interdependencia entre la distribución de los ingresos de una economía y sus resultados en materia de crecimiento.

Las políticas necesarias para generar una recuperación y asegurar que ésta conduzca a un crecimiento y un desarrollo sostenibles son los componentes de lo que la UNCTAD ha venido llamando un "Nuevo Pacto Verde Mundial".

Como programa de políticas para reactivar y reequilibrar la economía mundial, esta estrategia también ayudaría a afianzar la seguridad económica y a generar una capacidad más robusta de recuperación ante futuras crisis.