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Hacen falta nuevos impulsores de crecimiento para salir del marasmo económico mundial, según un informe de la UNCTAD


Comunicado de prensa
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UNCTAD/PRESS/PR/2014/033
Hacen falta nuevos impulsores de crecimiento para salir del marasmo económico mundial, según un informe de la UNCTAD
La "nueva normalidad" entraña el riesgo de recaer en los errores de políticas del pasado: urge ante todo fortalecer la demanda y contener al sector financiero

Geneva, Suiza, 10 septiembre 2014

​Seis años después del inicio de la crisis económica y financiera global, la economía mundial todavía no ha encontrado una vía de crecimiento sostenible, según el Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 20141 de la UNCTAD. En el estudio, subtitulado "Gobernanza mundial y espacio para políticas de desarrollo" se llama a realizar cambios importantes en la gobernanza y la gestión de la economía mundial.

Con una previsión de crecimiento del 2,5% al 3% en 2014, la recuperación mundial sigue siendo débil, mientras que las políticas para apoyarla no solo son insuficientes sino que a menudo son incoherentes, según el informe. Una vuelta al statu quo no permite solucionar las causas originales de la crisis.

Para poner fin a un período prolongado de bajo crecimiento económico es preciso fortalecer la demanda agregada propiciando un crecimiento real de los salarios y una distribución más equitativa de los ingresos, y no nuevas burbujas financieras. El predominio que sigue teniendo la esfera financiera sobre la economía real y la persistente merma de la participación de los salarios en la economía traducen la incapacidad de tratar las causas de la crisis, así como una recuperación anormalmente lenta, dice el informe.

Al analizar las tendencias de la economía global, en el informe se observa que en 2014 se prevé una modesta mejora del crecimiento. Tras expandirse alrededor de un 2,3% en 2012 y en 2013, el crecimiento de la producción mundial proyectado para 2014 es de entre el 2,5% y el 3%. Esta ligera aceleración del crecimiento se debe principalmente al aumento de la tasa de crecimiento de los países desarrollados, del 1,3% en 2013 al 1,8% en 2014. A su vez, este es debido al ligero repunte de la Unión Europea, ya que en el Japón y los Estados Unidos de América no se espera que aumente el crecimiento en 2014.

El informe prevé que el conjunto de las economías en desarrollo probablemente repita los resultados de años anteriores, creciendo a un ritmo de entre el 4,5% y el 5%. Dentro de este grupo el crecimiento superará el 5,5% en los países asiáticos y los subsaharianos, pero se quedará en alrededor de un 2% en los del norte de África y de América Latina y el Caribe. Además, se prevé que el crecimiento de las economías en transición siga cayendo a alrededor del 1%, desde unos resultados ya deficientes de 2013.

Al igual que la actividad económica, el comercio internacional sigue dando muestras de atonía. Con un crecimiento del volumen del comercio de mercancías ligeramente superior al 2% en 2012, 2013 y los primeros meses de 2014, el crecimiento del comercio internacional fue incluso inferior al de la producción mundial.

El informe explica que el comercio internacional no se ha desacelerado debido al aumento de las barreras al comercio o las dificultades del lado de la oferta; su crecimiento lento se debe a la escasa demanda mundial. Por consiguiente, los intentos de estimular las exportaciones mediante reducciones salariales y una "devaluación interna" son inútiles o incluso contraproducentes, especialmente si son varios socios comerciales los que persiguen esa estrategia al mismo tiempo. La expansión mundial del comercio se conseguirá mediante una sólida recuperación de la producción impulsada por la demanda interna, y no al revés.

La aparente estabilización de las tasas de crecimiento en diferentes grupos de países de la economía mundial puede dar la impresión de que se ha conseguido superar los riesgos sistémicos y establecer una inflación reducida y de que se ha emprendido una senda de crecimiento bajo, pero estable y sostenible, situación que algunos observadores celebran como una "nueva normalidad".

Sin embargo, no son nada normales el escaso crecimiento del empleo, el estancamiento de los salarios y el creciente endeudamiento de los hogares por un lado, y, por otro, el aumento de los precios de los activos, el crecimiento de los beneficios y una cultura de incentivos en bancos y empresas fuera de control. Algunos de los factores que impulsan la actual recuperación podrían no ser los adecuados para un proceso de crecimiento sostenible. 

En particular, las políticas aplicadas en las economías desarrolladas, que combinan austeridad fiscal, moderación salarial y expansión monetaria con la esperanza de que la flexibilidad del mercado laboral, el aumento de la competitividad y el mejoramiento de los balances de los bancos propicien una recuperación sostenida, están asfixiando la demanda interna. Esas medidas de política también fomentan que la expansión de liquidez se oriente principalmente hacia inversiones financieras en lugar de productivas.

Por consiguiente, si ha habido recuperación impulsada por la demanda, esta se ha producido de manera retardada e indirecta, y solamente en los países donde la revaluación de los activos produjo un efecto de riqueza suficientemente fuerte y animó a los consumidores a volver a pedir préstamos.

Así pues, la "nueva normalidad" mantiene ciertos paralelismos preocupantes con las condiciones que originaron la crisis financiera mundial de 2008, a saber, el aumento de las desigualdades y las burbujas de activos. Además, las decisiones en materia de políticas adoptadas en los países desarrollados han generado un nuevo ciclo financiero, cuyos movimientos de capitales internacionales afectan a los países en desarrollo y pueden entrañar consecuencias desestabilizadoras en el plano macroeconómico.

Los países en desarrollo han conseguido recuperarse de la gran recesión de 2008 más deprisa que los países desarrollados, en parte sosteniendo la demanda interna mediante políticas anticíclicas, pero en algunos casos ayudados por el aumento de los precios de los productos básicos. Sin embargo, las políticas anticíclicas y las ganancias en la relación de intercambio tienen resultados limitados y la idea de que las economías emergentes están disociadas de lo que sucede en las economías avanzadas ya no se sostiene. Será necesario encontrar nuevas fuentes de dinamismo.

Además de aplicar políticas de demanda, que aumentan la demanda de los consumidores y pueden incluir políticas redistributivas, algunos países deben aumentar los niveles de inversión interna (pública y privada) y todos los países necesitan políticas industriales eficaces para diversificar y ampliar su capacidad productiva para responder al aumento de la demanda sin que esta cree una presión excesiva sobre los precios internos o las balanzas comerciales.

Los países en desarrollo también tendrán que afrontar el reto de la inestabilidad persistente del sistema financiero internacional. La solución de este problema debe incluir políticas macroeconómicas cautelares y reguladoras, aplicadas principalmente a nivel nacional, pero también una mejor regulación a nivel global.

Las corrientes internacionales de capital suelen generar un ciclo financiero en los países receptores y es frecuente que aumenten su fragilidad financiera, lo que puede desembocar en una crisis financiera. Por ese motivo, en una economía cada vez más globalizada, es difícil regular el sector financiero interno si no están regulados los mercados financieros internacionales. A fin de crear y mantener condiciones macroeconómicas y financieras internas que apoyen el crecimiento, los gobiernos deberían disponer de instrumentos normativos apropiados para gestionar los flujos de capitales internacionales.

En el nuevo informe de la UNCTAD se insiste en que la gestión de capitales debería considerarse un instrumento normal en manos de las autoridades económicas, y no una medida excepcional y temporal que deba aplicarse únicamente en situaciones críticas. Las normas multilalerales del Convenio Constitutivo del Fondo Monetario Internacional y el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios de la Organización Mundial del Comercio permiten a los Gobiernos gestionar sus cuentas de capital, recurriendo incluso a los controles.

Sin embargo se han firmado o se están negociando algunos nuevos acuerdos de comercio e inversión, bilaterales, regionales o "plurilaterales", entre países de distintas regiones, que promueven una liberalización financiera mucho más radical que la prevista en los acuerdos multilaterales. Los gobiernos que deseen mantener la estabilidad macroeconómica y volver a regular sus sistemas financieros deberían examinar con sumo cuidado los riesgos que asumen al contraer tales compromisos.

El Informe: http://unctad.org/en/PublicationsLibrary/tdr2014_en.pdf (soló in inglés)