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El espejismo de la resiliencia económica mundial

Traducción realizada con asistencia de inteligencia artificial.

En caso de discrepancia, prevalece la versión en inglés.

  • Los recientes acuerdos multilaterales – el Compromiso de Sevilla adoptado en la Cuarta Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo, los resultados de la Segunda Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social y el Paquete de Belém de la COP 30 sobre clima – señalan un renovado impulso para la cooperación. 
  • Tienen como objetivo fortalecer la red mundial de seguridad financiera, ampliar el acceso a financiamiento asequible a largo plazo y colocar el trabajo decente, la equidad y la sostenibilidad ambiental en el centro de las políticas globales. 
  • Garantizar que las recientes medidas comerciales no recaigan de manera desproporcionada en los países menos adelantados será fundamental para que este impulso sea inclusivo.
A worker in a steel factory
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© Shutterstock/Shutter.B

Por Rebeca Grynspan, Secretaria General de ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD), y Li Junhua, Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas para Asuntos Económicos y Sociales


Al entrar en 2026, la economía mundial muestra una notable resiliencia. Según el Informe sobre la Situación y Perspectivas de la Economía Mundial 2026 de las Naciones Unidas, la producción mundial creció un 2,8% en 2025 y se prevé que el crecimiento disminuya ligeramente a 2,7% este año.

En un período marcado por sobresaltos y cambios en los vientos comerciales, esto no es poca cosa. A pesar del aumento de las fricciones comerciales, la elevada incertidumbre en las políticas y las persistentes tensiones geopolíticas, el comercio internacional ha seguido expandiéndose. Los consumidores siguen gastando, los mercados laborales permanecen en general sólidos y el alivio monetario en las principales economías ha sostenido la actividad económica.

Que esta resiliencia se mantenga dependerá menos del crecimiento general que de las decisiones de política que están configurando actualmente las condiciones del comercio, las finanzas y la inversión.

Una economía mundial frágil y desigual

Sin embargo, esta resiliencia es insuficiente para garantizar avances significativos en el desarrollo. Detrás de las cifras generales, hay una economía mundial frágil, desigual y cada vez menos preparada para lograr un crecimiento sostenido e inclusivo. El ritmo de crecimiento económico –bastante por debajo del promedio prepandémico de 3,2%– no es lo suficientemente fuerte para recuperar el terreno perdido durante las sucesivas crisis.

En los países en desarrollo vulnerables –incluidos varios clasificados como los menos adelantados– el crecimiento del ingreso per cápita ha sido insuficiente y la reducción de la pobreza avanza lentamente. Para millones de hogares, la brecha entre el crecimiento global y la realidad cotidiana es palpable. Las presiones del costo de vida siguen siendo elevadas, ya que los precios de los alimentos, la vivienda y los servicios esenciales continúan tensionando los presupuestos familiares. En muchos países, los aumentos salariales no han seguido el ritmo de los gastos, lo que deteriora el nivel de vida de las familias incluso cuando la economía crece.

El espacio fiscal reducido limita el desarrollo

Las restricciones fiscales se están endureciendo en gran parte del mundo. El servicio de la deuda consume ahora una proporción creciente de los presupuestos públicos, dejando menos recursos para escuelas, hospitales y resiliencia climática. El aumento del gasto militar agrava la presión, limitando aún más el espacio fiscal para invertir en los sectores que definen el desarrollo a largo plazo.

Para muchas economías en desarrollo, los altos costos de endeudamiento y la volatilidad de los flujos de capital han convertido la deuda en una fuerza procíclica, forzando ajustes precisamente cuando la inversión es más necesaria. La disminución del apoyo internacional oficial –ya sea para ayuda humanitaria o para la asistencia al desarrollo– restringe las perspectivas de quienes ya son vulnerables.

Las nuevas tecnologías amplían viejas brechas

Los avances en inteligencia artificial (IA), infraestructura digital y tecnologías de energía limpia son nuevas y poderosas fuentes de crecimiento, pero los beneficios siguen concentrándose en las economías que cuentan con los recursos y la experiencia para aprovecharlos. Con las políticas adecuadas y la cooperación internacional, la IA, la digitalización y el comercio de servicios también pueden apoyar la diversificación, crear empleos de mayor calidad y ayudar a los países a subir en las cadenas de valor en lugar de seguir dependiendo de los productos básicos.

Pero muchos países en desarrollo carecen de la financiación y la capacidad necesarias para participar, lo que amplía brechas que podrían ser aún más difíciles de cerrar. Al mismo tiempo, la competencia por minerales críticos –desde el litio y el cobalto hasta las tierras raras– está agudizando las rivalidades económicas y reconfigurando las políticas comerciales e industriales.

La incertidumbre pesa sobre el impulso

Mientras tanto, la incertidumbre se ha convertido en un nuevo lastre para el impulso global. El comercio ha mostrado una impresionante resiliencia, respaldado por cambios estructurales –como la rápida expansión del comercio de servicios, vínculos Sur-Sur más sólidos y el comercio relacionado con inversiones en digitalización e IA–. Sin embargo, el cambio de reglas, la volatilidad financiera y la fragmentación de los bloques económicos están mermando la confianza necesaria para mantener la inversión sostenida.

El Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2025 de UNCTAD advierte que la turbulencia en los mercados de capitales, los mayores costos de endeudamiento y el endurecimiento de la financiación comercial surgen como riesgos clave para el comercio mundial. Sin entornos políticos más predecibles y cooperativos, la resiliencia observada recientemente podría pasar fácilmente a la duda y la desaceleración.

La emergencia climática amenaza la prosperidad futura

En el ámbito climático, la situación se vuelve cada vez más peligrosa. El año 2025 marcó un nuevo récord de emisiones mundiales de carbono, mientras inundaciones, sequías y olas de calor provocaron crecientes pérdidas humanas y económicas en distintas regiones. El crecimiento mundial sigue dependiendo en gran medida de la producción intensiva en carbono, lo que no solo es insostenible sino que también socava los mismos cimientos de la prosperidad futura. La transición solo será creíble si la ambición climática viene acompañada de acceso a financiamiento a largo plazo y a bajo costo para la adaptación y la resiliencia.

Estas líneas de fractura muestran por qué las cifras destacadas del producto interno bruto (PIB) no pueden ser la única medida del éxito. Una resiliencia genuina exige más que la capacidad de resistir sobresaltos: requiere inclusión, sostenibilidad y cooperación internacional.

Optimismo cauteloso en medio de un renovado impulso de cooperación

No obstante, existen motivos para el optimismo cauteloso. Los recientes acuerdos multilaterales –el Compromiso de Sevilla adoptado en la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo (FfD4), los resultados de la Segunda Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social y el Paquete de Belém sobre cambio climático de la COP 30– muestran un renovado impulso hacia la cooperación. Sus metas incluyen reforzar la red mundial de seguridad financiera, ampliar el acceso a financiamiento a largo plazo y bajo costo, y situar el trabajo decente, la equidad y la sostenibilidad ambiental en el centro de la política global. Garantizar que las recientes medidas comerciales no tengan un impacto desproporcionado en los países menos adelantados será fundamental para que este impulso sea inclusivo.

El que estos compromisos se traduzcan en acción definirá la próxima etapa de la economía mundial. La estabilidad, sin resultados tangibles, no será suficiente. La verdadera prueba para 2026 será convertir la resiliencia a corto plazo en avances duraderos, basados en la sostenibilidad, la equidad y las oportunidades compartidas para todos.