- África atrajo alrededor de 70.000 millones de dólares en inversión extranjera directa (IED) en 2025, el tercer nivel más alto desde 1990.
- A pesar de una caída respecto al nivel excepcional alcanzado en 2024, las entradas se mantuvieron aproximadamente un tercio por encima del promedio a largo plazo del continente.
- El valor de los proyectos de inversión en nuevas instalaciones cayó casi un tercio, pero el número de proyectos anunciados aumentó, lo que apunta a un compromiso más amplio mediante proyectos más pequeños.
- Los inversores del Golfo y otras economías asiáticas se están convirtiendo en fuentes importantes de inversión en nuevas instalaciones, especialmente en energía, logística, bienes raíces e infraestructura.
- Los PMA africanos recibieron alrededor de 33.000 millones de dólares en IED, con entradas concentradas en pocas economías vinculadas a recursos naturales, energía, infraestructura y proyectos manufactureros seleccionados.
- La energía, la infraestructura y los minerales críticos atraen inversiones, pero los beneficios siguen concentrados en un número limitado de países y sectores.
© Shutterstock/MKM90 | Alejandría, Egipto.
África atrajo menos inversión extranjera directa (IED) en 2025 que en el año anterior. La tendencia de fondo es que los inversores siguen posicionándose en los sectores que son cada vez más importantes para la economía mundial.
Según el Informe sobre las inversiones en el mundo 2026 de ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD), las entradas de IED en África alcanzaron unos 70.000 millones de dólares en 2025.
La cifra fue inferior a los excepcionales 94.000 millones registrados en 2024, cuando un pequeño número de grandes transacciones impulsó los totales regionales. Aun así, 2025 fue el tercer nivel más alto desde 1990 para la inversión en África y se mantuvo aproximadamente un tercio por encima del promedio a largo plazo del continente.
Egipto siguió siendo el mayor receptor de IED de África, con entradas de alrededor de 15.000 millones de dólares, lo que ayudó a que el norte de África se mantuviera como la principal subregión receptora del continente a pesar de una fuerte caída respecto al excepcional nivel de 2024.
En un momento en que la competencia por la inversión se centra cada vez más en la energía, la infraestructura, la tecnología y los recursos críticos, África sigue atrayendo la atención de los inversores, incluidos los del Golfo y otras economías asiáticas. La pregunta es si ese interés puede traducirse en ganancias económicas más amplias.
Los inversores miran más allá de las cifras agregadas
Las entradas totales solo cuentan parte de la historia.
Si bien la IED disminuyó respecto al nivel excepcionalmente alto registrado en 2024, el valor de los proyectos de inversión en nuevas instalaciones cayó casi un tercio. Sin embargo, el número de proyectos aumentó, lo que apunta a un compromiso más amplio mediante proyectos más pequeños. Eso sugiere que las empresas siguen comprometiendo capital en proyectos futuros a pesar de las tensiones geopolíticas, la incertidumbre de la política comercial y un entorno de inversión global más selectivo.
El contraste importa porque las grandes transacciones pueden provocar fuertes oscilaciones en las cifras anuales de IED. Los proyectos de inversión en nuevas instalaciones suelen ofrecer una señal más clara de dónde ven los inversores oportunidades a largo plazo.
La energía, los minerales y la infraestructura siguen atrayendo inversión
Los Países Menos Adelantados (PMA) africanos ocuparon una parte importante en el panorama de inversión del continente. Recibieron alrededor de 33.000 millones de dólares en IED, pero las entradas se mantuvieron concentradas en un pequeño número de economías vinculadas a recursos naturales, energía, infraestructura y proyectos manufactureros seleccionados.
Gran parte del interés inversor se centra en sectores que son cada vez más importantes en la economía mundial.
Esto refleja tres factores superpuestos: la demanda de infraestructura energética, el interés en minerales críticos necesarios para baterías y manufactura avanzada, y la búsqueda de nuevas ubicaciones industriales y logísticas a medida que se reconfiguran las cadenas de suministro.
Algunas partes de África están bien posicionadas para beneficiarse de estas tendencias. El continente alberga grandes reservas de minerales esenciales para las tecnologías de energía renovable, la fabricación de baterías y la producción industrial avanzada. El cobre, el cobalto, el litio, el manganeso, el grafito y los minerales de tierras raras son cada vez más importantes para los inversores internacionales que buscan asegurar las cadenas de suministro futuras.
Países como Egipto, Marruecos y Sudáfrica siguieron atrayendo inversiones vinculadas al desarrollo industrial, la producción de hidrógeno, la logística y la energía renovable. Namibia y otras economías ricas en recursos están atrayendo la atención a medida que aumenta la demanda de minerales necesarios para baterías, sistemas de energía renovable y fabricación avanzada.
Estas tendencias sitúan a partes de África dentro de algunos de los segmentos de inversión global de más rápido crecimiento.
Sin embargo, los beneficios siguen siendo desiguales. La inversión continúa concentrada en un número relativamente pequeño de países y sectores, dejando a muchas economías con una participación limitada en las actividades que más capital atraen.
La oportunidad crece. También la competencia.
Para muchas economías africanas, atraer inversión hacia proyectos energéticos o de recursos es solo el punto de partida.
El mayor logro consiste en capturar más del valor creado en torno a esas inversiones mediante el procesamiento, la manufactura, los servicios y cadenas de suministro regionales más sólidas. Lograrlo requerirá infraestructura, habilidades, capacidades industriales y políticas que ayuden a conectar los proyectos de inversión con la economía en su conjunto.
Las prioridades políticas incluyen una mejor preparación de proyectos, mecanismos de reparto de riesgos, infraestructura de energía y transporte fiable, desarrollo de proveedores, procesamiento local cuando sea comercialmente viable y corredores regionales que conecten los mercados más pequeños con los sistemas de producción más grandes. Sin esos vínculos, la inversión en minerales o energía puede aumentar las entradas totales sin crear suficiente valor interno.
Esto significa que el éxito del próximo capítulo de desarrollo de África dependerá no solo de cuánta inversión llegue, sino también de la eficacia con la que los países puedan transformar esa inversión en empleos, transferencia de tecnología, modernización industrial y diversificación económica.
