El impulso global hacia la energía limpia está generando un aumento en la demanda de minerales esenciales para la transición energética, como el cobalto y el níquel, esenciales para los vehículos eléctricos, las baterías y las tecnologías renovables. Los países en desarrollo ricos en minerales pueden beneficiarse. Sin embargo, sin políticas específicas, las ganancias corren el riesgo de no beneficiar a las mujeres.
Basándose en estudios de casos de la República Democrática del Congo e Indonesia, el informe muestra que, aunque la demanda, la inversión y el procesamiento aguas abajo están acelerándose, las mujeres permanecen en gran medida confinadas a funciones informales, mal remuneradas y de alto riesgo en las cadenas de valor de minerales esenciales.
Convertir la transición energética en un motor de desarrollo inclusivo requerirá acciones deliberadas y con perspectiva de género. El informe ofrece evidencia y perspectivas pertinentes para la formulación de políticas que contribuyan a garantizar que el auge de los minerales esenciales genere beneficios tangibles para las mujeres.
Conclusiones clave
- El aumento en la demanda es histórico, pero la inclusión no es automática.
Alcanzar los objetivos globales de cero emisiones netas podría requerir alrededor de 80 nuevas minas de cobre, 70 nuevas minas de litio y níquel respectivamente, y 30 nuevas minas de cobalto para 2030.
Los nuevos proyectos mineros anunciados en 2021-2022 fueron más del doble del total de la década anterior. Sin embargo, una mayor demanda e inversión no se han traducido en mejores resultados para las mujeres, que siguen estando subrepresentadas en los segmentos de mayor valor y técnicos de las cadenas de valor de la minería.
- Las mujeres siguen concentradas en trabajos informales y vulnerables.
En algunas regiones, las mujeres representan entre el 30% y el 50% de la fuerza laboral minera artesanal y de pequeña escala. Estos trabajos suelen ser informales, de baja productividad y peligrosos.
En la cadena de valor del cobalto de la República Democrática del Congo, las mujeres en la minería artesanal y de pequeña escala suelen participar en la limpieza, el procesamiento y el transporte de minerales, a menudo en posiciones de baja productividad y mal remuneradas. Las mujeres están prácticamente ausentes de los cargos directivos y ejecutivos. Las condiciones laborales peligrosas y la vulnerabilidad a la violencia de género siguen siendo preocupaciones importantes.
- La generación de valor crea oportunidades, pero las mujeres están quedando atrás.
El procesamiento aguas abajo y la industrialización generan oportunidades de empleo más formal y de mayor valor. El sector del níquel en Indonesia muestra lo que es posible cuando las políticas respaldan el procesamiento nacional y la expansión industrial. El país se ha convertido en un importante exportador de productos de níquel procesado, incluidos insumos para baterías.
Sin embargo, a pesar de este avance, la participación de las mujeres en la minería sigue siendo baja, con persistentes brechas de género en habilidades, contratación y acceso al trabajo.
- Las habilidades y la formación son fundamentales para romper las barreras de género.
Las mujeres representan menos del 15% de las investigadoras en ingeniería y tecnología en algunas regiones, lo que limita su acceso a posiciones técnicas a medida que la industria minera se moderniza.
La inversión específica en educación técnica y profesional, capacitación en STEM y desarrollo de habilidades en el lugar de trabajo es esencial para que las mujeres se beneficien de la transición hacia actividades de mayor valor en toda la minería y el procesamiento.
- Las deficiencias en gobernanza y datos frenan el progreso.
Muchos códigos mineros carecen de disposiciones específicas de género y los datos desagregados por género sobre empleo y emprendimiento siguen siendo escasos.
En la República Democrática del Congo, menos del 1% de los responsables gubernamentales y de políticas son mujeres, y esta disparidad se extiende al sector minero. La limitada capacidad institucional restringe la posibilidad de diseñar, implementar y hacer cumplir políticas mineras con perspectiva de género, en particular en la minería artesanal y de pequeña escala.
