Por Luz María de la Mora, Directora de la división de comercio internacional y productos básicos de UNCTAD
© Adobe/Von suwatthana | Una mina de cobre en Chile.
A medida que el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer 2026, la atención se centra en cómo las transformaciones globales pueden traducirse en oportunidades económicas tangibles para mujeres y niñas. Pocas transformaciones se están desarrollando tan rápidamente —o con consecuencias tan decisivas— como la expansión de minerales esenciales para la transición energética.
El cobre, el litio, el cobalto y el níquel se han convertido en activos estratégicos del siglo XXI. Son indispensables para los vehículos eléctricos, los sistemas de energía renovable, el almacenamiento en baterías y la infraestructura digital que impulsa la inteligencia artificial (IA).
Para regiones ricas en minerales como América Latina, que representa más del 40% de la producción mundial de cobre y casi un tercio de la producción de litio, este cambio representa una oportunidad significativa. Los gobiernos de la región buscan ir más allá de la extracción primaria para avanzar hacia el procesamiento, refinado y otras actividades de mayor valor agregado. Dinámicas similares se desarrollan en África y partes de Asia, donde la industrialización aguas abajo es cada vez más central en las estrategias de desarrollo.
A medida que las cadenas de valor se expanden y mejoran, los mercados laborales evolucionan junto con ellas — creando un margen para ampliar la participación de las mujeres en los sectores que impulsan la transición.
Mayor demanda, mercados laborales en evolución
Las mujeres ya participan activamente en las cadenas de valor de los minerales. Aportan en la minería artesanal, el monitoreo ambiental, el análisis de laboratorio, la logística, la gestión corporativa y las instituciones regulatorias. En algunas comunidades de minería artesanal y en pequeña escala, las mujeres representan una parte sustancial de la fuerza laboral.
Sin embargo, a nivel mundial, las mujeres representan solo cerca del 14% de la fuerza laboral de la minería industrial y su presencia en roles de ingeniería, geología y liderazgo ejecutivo sigue siendo limitada.
A medida que la producción minera se vuelve más intensiva en tecnología —incorporando automatización, sistemas de monitoreo digital y procesos de refinado avanzados— aumenta la demanda de capacidades técnicas y vocacionales. Esta evolución genera una oportunidad para ampliar la participación en segmentos de mayor valor de la industria, incluidos el procesamiento, la ingeniería, la gestión ambiental y la coordinación de la cadena de suministro.
No obstante, aprovechar esta oportunidad dependerá de las decisiones de política.
Integrar la inclusión en las cadenas de valor de los minerales
Las reglas determinan quién participa en las cadenas de valor de los minerales y quién avanza en ellas. Cuando los sistemas de formación están alineados con la política industrial y los marcos regulatorios fomentan la contratación inclusiva y el desarrollo empresarial, los patrones de participación pueden cambiar.
Las prácticas emergentes ilustran lo que es posible. En Chile, la empresa minera estatal Codelco se ha comprometido a aumentar significativamente la participación de mujeres en su fuerza laboral, combinando metas de contratación local con alianzas con instituciones técnicas de formación para ampliar los caminos de acceso a puestos operativos y calificados.
En el sector del litio, las empresas que operan en el Salar de Atacama han lanzado programas comunitarios de formación técnica, con mujeres que representan la mayoría de participantes en algunos cursos centrados en mantenimiento, operación de equipos y habilidades digitales.
Estas iniciativas demuestran cómo la expansión industrial puede alinearse con los esfuerzos para ampliar la participación en las nuevas cadenas de valor de los minerales.
La competencia global por minerales críticos suele enmarcarse principalmente en términos geopolíticos — como una lucha por la seguridad del suministro y la posición estratégica. También es un momento de desarrollo. Las dotaciones naturales no determinan los resultados sociales; los marcos de gobernanza sí lo hacen.
Al integrar la inclusión en las estrategias industriales desde el inicio, los países pueden garantizar que el crecimiento de las cadenas de valor de los minerales apoye una mejora económica más amplia. Ampliar el acceso a cualificaciones técnicas, fortalecer la representación en instituciones regulatorias y apoyar a proveedoras lideradas por mujeres en los ecosistemas mineros son medidas prácticas que pueden ayudar a transformar la riqueza mineral en un crecimiento más diversificado y resiliente.
Convertir la transición en oportunidad
La transición hacia los minerales esenciales ofrece un ámbito concreto para impulsar estos principios a través de la política económica. Las decisiones que se toman hoy —en negociaciones comerciales, planificación industrial y desarrollo de la fuerza laboral— darán forma a los mercados laborales y las cadenas de valor durante una generación.
Los minerales esenciales impulsarán las transiciones verde y digital. Con una gobernanza deliberada, también pueden contribuir a ampliar las oportunidades, garantizando que las mujeres estén posicionadas para avanzar dentro de la economía de los minerales.
